lunes, 14 de febrero de 2005

Páginas que escribí en 1997 y luego olvidé y perdí y jamás encontré y cayeron en el polvo de mi corazón sin hacer ruido alguno...

Saludos desde el otro lado.

Al final las cosas han cambiado. Teóricamente para mejor, pero todo esto tiene el sabor agridulce de la derrota y no termino de acostumbrarme. Quizá haya llegado a Ítaca y lo que tengo en realidad es el hermoso viaje.

En fin, que a estas alturas he sacado una plaza de ASO TC en la Universidad Politécnica de Valencia. Algo serio, vamos. Y he encontrado una mujer que me hace algo de caso y voy a comprarme un coche. Después de cinco años de perseguirlo, de mil amargas derrotas consecutivas que no consiguieron quebrantar una voluntad, parece que algo sale bien.

¿O no?

No sé. Desde aquí todo se me viene encima y no le encuentro ni pies ni cabeza. Mi promesa interior de beber hasta perder el control para celebrarlo no ha encontrado motivo. Mala cosa. Después de tanto camino andado y tanta guerra, después de un corazón acostumbrado a la derrota es difícil vivir con una victoria en el historial. Se estaba mejor siendo un perdedor y un fracasado.

Y nada más. Comienzo a guardar todos los enseres con esa sensación de que uno se marcha. Pronto se cerrará mi página personal, son momentos de cambios y hay un tiempo de plantar y otro de arrancar lo plantado. Ha llegado este último.

Nos vamos. Acostumbrado tanto tiempo a navegar en la oscuridad esta tibia y macilenta aurora ha herido mis ojos, ha afilado esa sensación de derrota. La guerra estaba perdida de antemano, esta victoria no significa nada. Sólo que le estamos plantando cara a la vida y se lo ponemos un poco difícil, quizá hayamos hecho algo bien y ahora recogemos un fruto amargo y escaso. ¡¡¡Pero la vida...!!! Juega con ventaja, siempre acaba venciendo la muy hija de puta.

Ahora mi maltrecho cuerpo mira su alrededor, los cadaveres yacientes alrededor recordando la lucha, las heridas que duelen más que nunca y la esperanza que yace a los pies sin fuerzas para dar un paso más allá. Mientras, a lo lejos, la vida muestra su sonrisa tétrica, burlona y desdentada. La guerra aún no ha terminado