domingo, 29 de julio de 2007

Remembranza

Decía un buen amigo, Víctor Espinosa, que uno tiene la edad de la mujer a la que ama. Tenía mucha razón, y me acuerdo mucho de esas palabras, que me hacen varios años más joven, y me doy cuenta muchas veces, cuando veo compañeros míos del colegio que han envejecido de manera muy distinta a la mía.

A Víctor lo conocí en el AIDO, en la época de las purgas de Juan Carlos Soriano. Coincidimos allí tan sólo tres meses, y cuando me enteré de que se iba se me desmontaron bastante las cosas. Todo empezó a acabar, mal, por supuesto, desde aquel momento. Luego ya conocí a Viru, que se había ido, y empezó el rosario: Javi, Alvaro, todos los becarios a la calle, Enrique, Yolanda...

Guardo muy buenos recuerdos de todos ellos, los que salieron y los que se quedaron, y lo bueno y lo malo que pasó por allí. Todos al final se colocaron de una forma u otra, incluso yo. Gracias a ellos me matriculé del doctorado y me hicieron darme cuenta de que podía cumplir aquel sueño de quedarme en la universidad.

Luego coincidí con Víctor en Gandía. Es un tío cojonudo, de esos que uno elegiría para ir al fin del mundo, por cien mil motivos que no voy a relatar. Ahora parece que le va bien, algo normal en quien huyó de la UV para refugiarse en la UPV, donde al menos aprecian a uno un poco mejor en lo que vale.

Yo estuve allí con él, guardo muy buenos recuerdos y muy buena gente de Gandía, y cometí el error de irme, de marcharme, de volver a la UV. No sé dónde estaría ahora, pero todo hace suponer que estaría bastante mejor. Fue un gran error, creo que el mayor de mi vida.

Pero, por acción u omisión, Cadharas me venció, y todavía estoy buscando la salida de las minas de Moria.

Hoy va por vosotros, los SEMAIDOs. A los idos y los permanecidos, os echo mucho de menos.

P.D.: Cuando consiga un escáner colgaré en esta entrada algo que muy pocos conservan, creo yo.

miércoles, 25 de julio de 2007

Esto se acaba

Siempre os digo que mi vida, la vida del triste docente, empieza y termina con los cursos. Así que esto empieza a acabarse. Septiembre es un mes inacabado, bisagra hacia ninguna parte. Pronto acaba el curso, acaba el estado de las cosas, todos los contadores se ponen a cero y empezamos de nuevo.

Sigo aún aguantando el tirón; sigo sin perder la esperanza y sigo esforzándome en mi lucha interior por alcanzar la playa. Conozco gente que ha abandonado, por acción u omisión; por la certeza de saberse salvados, de saberse ya irremisiblemente perdidos, por la superioridad o por el cansancio que termina por hacer mella y brecha y desmorona. Y pese a todo me sorprendo de que sigo aquí, aferrado aún, sin reblar (antigua palabra de mi tierra), sin saber por qué sigo, ahora que ya todo está perdido o ganado, ahora que todo está decidido, que todo está tranquilo en el frente este. Últimamente me estoy gustando, aunque sólo sea por ese cambio de actitud, por haber abandonado el deseo de abandono.

Buen verano a todos. Yo a seguir buscando coche y a hurgar en mi conciencia.

lunes, 23 de julio de 2007

¿Te gusta conducir?


Acabo de cambiar el blog. Me he pasado a la plantilla moderna de Blogger, lo que me ha llevado este domingo hasta las cuatro de la mañana. No le pido mucho a la plantilla, sólo me interesaba la nueva distribución de los blogs antiguos. Ahora puedo ponerle juguetitos, pero no estoy para esas fiestas.

Tengo que cambiar de coche. Lo iba a intentar para antes de vacaciones, pero no va a poder ser. Mi coche cada vez va a menos, cuando acelero le cuesta y le cuesta y le cuesta. Los 330.000 km. le están pasando factura. Sin aire acondicionado, con las ventanillas bajadas y el brazo quemado por el sol, disfruto conduciendo como en los viejos tiempos. Sí, me gusta conducir.

domingo, 22 de julio de 2007

Anoche intenté emborracharme, sin éxito. Ya ni siquiera soy capaz de hundirme indignamente. Sólo me queda huir hacia adelante, huir, huir.

sábado, 21 de julio de 2007

Secuestro de "El jueves"



"Sillín es a sillón
como cojín es a X
y me importa tres X
que me cierren este blog"

miércoles, 18 de julio de 2007

Quosque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?

Me encantan esas personas inconsecuentes por naturaleza, que miden con distintos raseros según su conveniencia. Egoísmo, puede llamarse a veces.

El caso es que estas personas me repatean el hígado hasta lo indecible. Nadie estamos libres de pecado, y todos tenemos defectos. Yo tengo los míos, que a veces creo saber cuáles son, a veces no. Aunque la inconsecuencia no es uno de mis defectos principales, incluso es una de mis obsesiones (pese a las posibles excepciones que cometo).

Por eso cuando encuentro a esos salvadores de la patria que exigen hacer lo que ellos dicen pero no permiten hacer lo que ellos hacen, me hierve la sangre. Aunque esta vez menos, cada vez me hierve menos la sangre porque cada vez confío menos en nadie, y todo lo doy por perdido, y sé dónde uno puede sujetarse y dónde y no, porque al fin y al cabo, si puedes confiar en alguien es en las malas personas: no cambiarán nunca.

Por eso hoy va por ellos: me demostráis que no estaba equivocado, que el tiempo pondrá a cada uno en su sitio, y que todo en esta vida tiene un precio. Que debió haberse armado cuando decidió decorar su salón con mi amigo.


martes, 17 de julio de 2007

sábado, 14 de julio de 2007

Todos están muertos (muertos o algo mejor)

Cada día me hago un poco más viejo. Pero dentro de lo obvio, cada día mi corazón se hace un poco más viejo, mi ánimo desfallece un poco más y la vida me arrincona. Cada día pienso un poco más en sentarme y rendirme.

El viernes empecé a advertir cómo la vida nos ha ido desbastando, desgastando, devastando. De como antes éramos uno cantando con el corazón alegre, y ahora somos muchos, adustos, hoscos, huraños, algunos egoístas y traidores. Todo se ha acabado. El sueño terminó. Lo sabía ya con certeza desde hace tiempo, pero el viernes lo vi, lo sentí en lo más profundo de mi ser, como si un escalofrío sepulcral recorriera mi columna y me estremeciera sin remedio, sin consuelo. Aunque reflexioné, recordé que antes otros pasaron por lo mismo y pese a todo siguen ahí. Que todo cambia y todo sigue igual, pero todo cambia. La vida pasa factura de vez en cuando.

El viernes paseé por un pasillo desierto y no pude evitar pensar que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Todos estamos muertos. Muertos o algo mejor.




miércoles, 11 de julio de 2007

Vida tomada

No sé si conocéis una historia corta de Cortázar, "Casa tomada". Creo que la leí por primera vez en Bestiario, no lo recuerdo bien, pero desde entonces ya no la olvidé. Nunca.

Es una historia muy de Borges, de Bioy Casares, muy cronopia. Sugerente y terrible como la inevitable muerte. Una historia que te traslada a un cotidiano escenario terrible, banal e irresistible, familiar y asfixiante.

Ultimamente algo está tomando mi vida, ya me entendéis. Esa vida repleta de estancias vacías, desangeladas por las que ulula el frío y los recuerdos se acurrucan en rincones polvorientos, esperando. Simplemente esperando.

Me gustaba pasear por esas estancias, lo hacía envuelto en mi luengo capote, sintiéndome protegido y cobijado, asomándome por desvencijadas ventanas a yermos jardines, agostados o nonatos, tan sólo imaginados, con su espacio reservado y nunca empleado.

Pero de poco tiempo a esta parte hay algo en esta vida, algo o alguien, ocupando estancias. Como Cortázar, noto que alguien ha tomado esa habitación. Ya no puedo entrar, la he perdido; no es que haya cambiado los polvorientos muebles y anaqueles de sitio y la haya limpiado y fijado y dado esplendor. No. Solamente me la ha quitado, y ya no es mía. No puedo usarla, no puedo volver a entrar nunca más, ni a asomarme por sus ventanas. No puedo abrir nunca más esa puerta. Y me voy retirando, como Napoleón acosado por el invierno ruso y los lobos y los propios rusos, perdiendo habitaciones por las que toda la vida he deambulado, con la inefable certeza de que ya jamás volveré a pisarlas, ya jamás podré cumplir los sueños que están amontonados, tirados en los rincones de mis habitaciones perdidas.

Cada vez me queda menos sitio, menos sitio en mi vida, menos habitaciones, menos sueños, menos espacio para huir y esconderme del mundo.

Y lo peor es que creo saber quién es el que ocupa mi casa.

viernes, 6 de julio de 2007

Los Secretos (Antonio Vega) - Enganchado A Una Señal De Bus



No comprendo cómo puedes acostarte
Para no dormir y luego levantarte
No comprendo la velocidad del tiempo
Ni a la gente que no mueve ni un momento
Voy andando hacia ningún lugar
Cambio de tren en la estación del viento
Veo garras de murciélagos de noche
Veo sombras que se funden con la mía
El sonido de ciudad grabado en pistas
Esa mezcla que te entra por la vista
El circuto va de bar en bar
Hay que esquivar y no romper el hilo
Son las formas de luchar con estilo
Enganchado a una señal de bus
Y la historia va cambiando de tema
Todo el mundo no es igual que los demás
Ahora llega el sonido despacio
Y la luz, hasta mañana se va
No parece haber nadie en la calle
Pero es el juego de la sombra fugaz
No comprendo nada el tráfico de coches
Ni los edificios hechos como botes
Todo al tiempo y a la misma velocidad
Imposible descifrarlo antes de derribar
Al circuito bar-esquina-bar
Se dan tres vueltas contra reloj
Enseguida hay otro sitio mejor
Enganchado a una señal de bus
Y la historia va cambiando de tema
Todo el mundo no es igual que los demás
Ahora sopla el tiempo con capricho
Risas a cámara lenta final
Ya no sé lo que va más despacio
Si la gente o la luz en un flash.


¡Qué días!

En estos aciagos días escribo poco, por desidia u ocupación, y no me gusta. Se me pierden las ideas entre el tráfago de este verano desordenado y caótico que me azota.

Y esta mañana, cuando llegaba, no sé qué, si el olor de la tierra mojada, el sol, las caras cansadas y acostumbradas desde hace 22 años, la monotonía...no sé qué, pero algo ha hecho disparar recuerdos que tenía enterrados en catacumbas bastante profundas.

Yo hice la mili, hace ya 10 ó 12 años. No guardo malos recuerdos, ni buenos. Sólo unos cuantos mandos que conocí y que no eran malas personas, y la sensación inefable y agotadora de estar perdiendo el tiempo.

Y hoy, cuando después de hora y media de carretera (atasco, atasco) llegaba a la facultad, no sé por qué, se ha despertado en mí ese recuerdo. Esta universidad, aquel cuartel, con unas instalaciones decrépitas, casi sórdidas, esas caras sempiternas, esa sensación de pérdida de tiempo, de banalidad y futilidad, de impotencia, de resignación en todos los rostros y edificios y árboles y automóviles y socavones.

Ese no ir nunca a ningún sitio que es el denominador común de mi vida.

P.D.: Hoy están llegando, como un aluvión incontenible, las notificaciones de la reclamación a la habilitación que firmé (y firmo). Así que va a empezar el rosario de caras largas y recriminaciones, supongo. Aunque tengo la conciencia tranquila y la serenidad de que en este mundo uno debe hacer lo que debe hacer, y por ahí hay mucha gente que no lo hizo en su momento; llega el momento de pasar cuentas, para mí y para ellos. No veo qué hay de malo en lo que hago yo, y sí en cambio en lo que hicieron ellos. Y lo peor no fue lo que hicieron, que en todas partes cuecen habas, sino cómo lo hicieron.

"Al menos en Vietnam sabíamos quién era el enemigo". Estación de Torás, Castellón, 1996