martes, 17 de mayo de 2005

El gallego y el teléfono

Ayer sonó el teléfono varias veces en mi casa, a las 11 de la noche. Era un gallego amable, como todos ellos, preguntando si era la farmacia de guardia. Comprobamos el número y, efectivamente, tenía mi número. Le dije que estaba llamando a la provincia de Castellón, tan lejos en la noche y en el mapa. Se sorprendió.

La vida puede ser bella a veces.

Chile frente a España

Ayer estuve un rato viendo un reportaje, en la 2, por supuesto, acerca del jaguar del cono sur...
... Chile es un país que está sorprendiendo a propios y extraños, por la seriedad y la eficiencia con la que están llevando sus cosas. Han aprovechado el capitalismo y el mercantilismo, pero sin dejar que éste afecte a la política social. Creo que, simplemente, han aplicado el sentido común.
Uno se pregunta por qué. Más concretamente en esta piel de toro desvencijada y triste, por qué no.

Ellos pasaron por una dictadura, por hambre, por guerra, por represión, y salieron más reforzados, con más conciencia social, con mayor certeza de que sólo hay una forma de hacer las cosas: lo mejor que se pueda. Y nosotros pasamos por lo mismo, peor o mejor. ¿Hemos aprendido algo? Rotundamente, no. Quizá la Historia pesa demasiado, que 20 años no es nada y 5000 años son muchos.

Desde el punto de vista evolutivo y etiológico, en las estructuras sociales la mejor estrategia no es aquella que beneficia al individuo, sino la que además beneficia al grupo. Esto sólo significa que, a la larga, los grupos con esas estrategias perduran, prevalecen, sobresalen sobre otros.

En este país egoísta y cainita lo tenemos claro. Más claro que el agua.

lunes, 16 de mayo de 2005

Gracias, Reverte.

Fin de semana: domingo.

Todo empieza a pedir de boca. Me quedo solo en casa, me levanto cuando me apetece, me pongo a trabajar y ver la tele, llegan los Simpson, episodios refritos pero sabrosos...Al final el teléfono relaciona mi vida con otras vidas, me une al mundo y rompe mi felicidad.
Y depués cometo el error de leer, en mi indolencia, un periódico local.
Craso error.
Que todo esto se va a la mierda, que se hunde, es algo que no tiene mérito consignar aquí, porque creo que casi todos lo sabemos. Que esto se va a ir a la mierda, por lo bajini, sin hacer ruido, creo que lo sabe menos gente. No esperen un gran estruendo y un cataclismo bíblico: va a ser menos espectacular, más real.
Pero sí tengo claro que todo, pero lo que se dice absolutamente todo esto se colapsará un día súbitamente. No habrá medias tintas, nada de una caída parcial: hundimiento generalizado, como toca.
Leyendo el períódico local he comprobado la dimensión fractal de la mierda en que estamos metidos. Da igual que el periódico que leas sea comarcal, local, autonómico o nacional. El espesor, la densidad y el hedor de la mierda es constante. Un mero factor de escala. Un puto fractal. La lupa amplía mierda que tiene a su vez mierda que tiene a su vez mierda que tiene a su vez...
Por eso todo caerá de repente, en todos los ámbitos, a todos los niveles, como les gusta decir a nuestros políticos. Cuando rebose lo hará en todos los vasos comunicantes, que es nuestra vida.
Así que si tenéis suerte, cuando este puto país se hunda os pillará fuera de España. En un país mejor, como Suecia, o en un país hermano, como Etiopía. Si se hunde y estáis allí, os envidio vuestra buena suerte.
Nosotros, los más, nos comeremos el hundimiento con la dignidad y el estoicismo con los que la historia y esa caterva de mermados políticos nos han venido acostumbrando. Porque España, un país desgraciado de tan mala suerte que tiene, ya está acostumbrada a hundirse.

Fin de semana: sábado.

No empiezan bien las cosas, como ningún fin de semana. Cada vez ocurre lo mismo; menos tiempo para mí, cada vez peleando más en otras palestras con el fin de diversificar riesgos, de buscar la esperanza perdida en tantos sitios como se nos ocurra, de jugar a la lotería cuanto sea posible.
El crédito se agota, y aún así seguimos, sigo peleando porque no hay más remedio, porque otra elección significaría simplemente rendirse.
De todas formas, ayer fui testigo de nuevo de otro lamentable indicio de que todo esto va muy mal.
Anoche vi un país colapsado, dividido, ilusionado, unido y movilizado por el fútbol. Pan y circo.

No he visto a la gente nunca tan movilizada por aspectos que sí afectan a nuestra vida: la deleznable clase política, la usura de los bancos, la sanidad, la educación, el tráfico, los impuestos, la vivienda, la investigación, la pobreza...Los mil aspectos que, si pusiéramos algo de empeño en arreglarlos, o simplemente exigirles a esos papanatas del congreso que se ganen los buenos sueldos que cobran, como todo nacido, otro aire nos correría. Pero no ocurre. Y lo peor es que nos va la vida en ello, como decía Milanés o Silvio, no recuerdo.
Pero el fútbol...Eso sí. Si gana la liga el Barcelona, o el Madrid, o el Valencia o el Ferrol, hay que salir a la calle, expresar la alegría y el gozo porque, a buen seguro, ese equipo nos va a dar de comer todo el año, nos va a pagar la hipoteca, va a garantizar nuestra sanidad.

¿O no? Porque si no es así, no me explico que la gente se movilice por el fútbol, conozca de pe a pa lo de gran hermano y se sepa al dedillo la prensa de corazón.
A no ser que...
Si, va a ser eso.
La incultura y el fanatismo son la mejor garantía de que unos políticos fanáticos e incultos dominen a un país.

Esto no es nuevo. Ahora leo "La divina comedia", escrita en 1300. Y los barateros y usureros tenían su sitio en el infierno.
Sitios más selectos que los lujuriosos, que es donde me gustaría estar: segundo círculo según se entra. Pregunten por mí.

jueves, 12 de mayo de 2005

Gene Hackman: Es usted un cobarde. Ha matado a un hombre desarmado.
Clint Eastwood: Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su local con mi amigo.

El estado de la nación

Ha sido inevitable permanecer ajeno a tan magno evento, que te agrie la leche. El estado de la nación...
...Aunque he comprobado con sorpresa que, al parecer, los políticos y yo no vivimos en la misma nación. Porque lo que ellos cuentan no tiene nada con la realidad cotidiana y acostumbrada en la que me muevo. No vivimos en el mismo país. Mi inframundo, vulgar y grasáceo, no sale en los periódicos, ni en la tele. Es un inframundo anodino que comparto con muchos, la maoyoría de mis semejantes. Creo que casi ninguno de nosotros vive en ese país de las maravillas que todos se empeñan en representar y vender. Aunque hay mucha gente que lo desea, y hasta se lo cree. Efecto Matrix: han creado una realidad virtual que gusta a la mayoría, y la masa aborregada que se proclama gente ha cogido esa vida "pret a porter" con la que nos machacan y la llevan, con más pena que gloria.

Pero no lo olvidemos. La vida real, la que al final vivimos por necesidad, es puta y la carga el diablo. Maduremos un poco...

martes, 10 de mayo de 2005

Uno tiene que aprender a vivir consigo mismo.

Yo encuentro eso de lo más difícil en esta perra vida. Creo que todos nos acabamos conociendo de sobras, quizá por eso es más difícil tolerarnos a nosotros mismos que a los demás. Y porque en dias grises sólo quedas tú, esperando la tormenta a contraluz. Examinando tus miserias en soledad y paladeando el dolor y la derrota hasta la extenuación y la rabia y el llanto. Es difícil vivir en sociedad, pero mucho más vivir consigo mismo.

lunes, 9 de mayo de 2005

Este es otro día en que no sé qué poner

Pero al menos llueve, de tormenta, y el cielo y el día está gris, y hace juego con mi ropa, con mi corazón.

Empieza la semana con Reverte.

A veces eso te da fuerzas para empezar a resistir otra vuelta de tuerca...

"El caso, como digo, es que estás entre ellos y dices: son mis compadres y la siguiente andanada de a 36 libras la pago yo. Entonces ves al final de la barra un periódico con los titulares llenos de esa otra España virtual, divorciada de la real. De ese zoco moruno de golfos encorbatados y sin encorbatar que te agría la leche, quieras o no quieras, a cada paso que das en este país desgraciado que tan mala suerte tiene. Y piensas: hay que ver. Tanto sinvergüenza donde siempre, que para eso no pasa el tiempo. Tanto oportunista, tanto demagogo, tanto cretino arrogante, tanto analfabeto, tanto insolidario, tanto irresponsable gobernando u oponiéndose, turnándose en la infamia desde hace siglos. Devolviéndonos al pozo cada vez que estamos a punto de sacar dignamente la cabeza, y lavándose luego las manos diciendo yo no sabía, no era mi intención, yo sólo pasaba por ahí. Entiéndaselas con el almirante francés, o con el maestro armero. Siempre salió barato hacer el destrozo y escurrir luego el bulto en este país con tan mala memoria, donde ningún culpable paga los tiestos rotos. Y sin embargo, pese a todo, tan siniestros fulanos no consiguieron acabar nunca con los Nicolás Marrajo que estaban de turno, con la delgada línea gris que todavía vertebra lo que nos queda. Con la gente que apechugó junto a la Aceitera, o donde fuera, y que hoy aguanta cada día en el trabajo, en la vida, en los sueños que ni siquiera nuestra nauseabunda clase política ha podido truncar. Tataranietos, nietos, hijos de aquellos pobres héroes sacados de hospitales, cárceles y tabernas, que pagaron, como siempre, por los que no pagan nunca. Reflexionar sobre todo eso cabrea mucho, claro. Pero también salva un poquito. O un muchito. De pronto echas un vistazo alrededor, miras los caretos honrados que tienes cerca, te asomas la calle y piensas, bueno. Menos mal que existe el bar de Lola, y ahí se te quita el frío. Si uno se fija, aún queda gente, y ganas. Y dignidad. Quizá, después de todo, esos hijos de puta no puedan con nosotros. Y esta vez no me refiero a los ingleses."

Arturo Pérez Reverte, El semanal, nº 915, del 8 al 14 de mayo de 2005

jueves, 5 de mayo de 2005

A veces me da por pensar.

A veces me da por pensar...


A veces me quedo solo, completamente solo, en un comedor atiborrado de gente atareada y vocinglera. Pongo en marcha la hormigonera de mi cerebro, que amalgama todos los recuerdos y los errores y los escuálidos éxitos. La terrible hormigonera que todo lo puede y te despierta las más de las noches en pesadillas irreconciliables.

Contemplo en mi silencio las caras, los rostros, los cuerpos que, sin quererlo y sólo en mi mente, representan paradigmas de todas las vidas posibles, de todas las vidas que soñé y que, ahora no tengo; que posiblemente jamás tendré.

Y jamás las tendré porque tarde o temprano elegimos. Por voluntad propia, o impelidos por circunstancias, personas o lugares. Jmás hay retorno, jamás hay posibilidad de empezar de cero y vivir de nuevo esas vidas en remotos lugares, con desconocidos rodeándonos y con el sabor metálico de la incertidumbre, del miedo en la punta de la lengua.

O sí se puede, pero somos cobardes, somos incapaces de pagar el precio de tirar por la borda esa vida que ahora llevamos. Todos somos cobardes en nuestro fuero interno.

El tiempo ha pasado y sólo sé que no estoy donde quería estar. Donde estoy no es mal sitio, y quizá hasta me envidie otra ensimimada hormigonera en la otra esquina del comedor. Pero nadie está contento con lo que tiene, ¿no?

"Últimamente ando algo perdido
me han vencido viejos fantasmas
nuevas rutinas

y en cada esquina acecha un ratero
para robarme las alhajas los recuerdos
las felicidades

de un tiempo a esta parte
llego siempre tarde
a todas mis citas

y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto no amarte
no amarte

últimamente ando desconcertado
así que ponte a salvo porque en este estado
ando como loco

y me enamoro de mujeres comprometidas
llenas de abrazos
llenas de mentiras

de un tiempo a esta parte a mi amor propio algo le falta
lo has dejado unos puntos
por debajo del de kafka

y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte

últimamente planeo una huida
para rehacer mi vida
probablemente en marte

seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme
ismael qué te pasa
no estudias no trabajas

y qué vamos a hacerle
si es que últimamente ando algo perdido
si te necesito

si de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte

han de venir tiempos mejores
cometeré más errores daré menos explicaciones
y haré nuevas canciones

en las que te cuente como últimamente
son tan frecuentes tristes amaneceres
ahogando mis finales

repetidos cansados
miserables
llenos de soledades

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte"


I. Serrano. "Últimamente", de su disco La memoria de los peces.


Sueños

Últimamente tengo sueños muy muy raros. Necesito un aparato para grabarlos y luego colgarlos en Internet. Me haría de oro.

Por cierto, hace tiempo aprendí un sinónimo de locuaz que, ahora, no puedo recordar y me lleva dos días dando vueltas en la cabeza. Estoy enfermo.

miércoles, 4 de mayo de 2005

Compañeros, ¿por qué me habéis abandonado?

Las bitácoras amigas, están mudas, desiertas, desangeladas. ¿dónde andarán sus habitantes, otrora alegres y locuaces, y ahora silentes y oscuros como estos tiempos inciertos que nos han sido dados?

Justicia y ley

Acabo de fotocopiar para mi padre la Ley de Ordenación del Parque Natural de la Sierra Calderona. Es lo que tiene vivir en estos países tercermundistas...
..., usted ya me entiende. Mi familia lleva no sé cuántas generaciones viviendo en esta zona, a caballo entre la Sierra Espadán y la Sierra Calderona. Muchos años malviviendo de la tierra, desagradecida y dura, pero lo único que se ha tenido por cierto.

El mundo se ha hecho mayor, por desgracia. Y ahora una gran mayoría, los valencianos en este caso, quieren "proteger" esta zona donde nosotros vivimos todos los días, desde hace años, para que esté limpia y fijada y esplendorosa sus fines de semana. Así que no tengamos en cuenta a la gente que ha vivido allí desde siempre, la que tuvo el valor de quedarse cuando arreció la dureza, la que no pudo hacer otra cosa que resistir en lugar de emigrar a la costa donde el pan era más fácil, más amargo.

Ahora vienen desde fuera a imponer unas leyes que no respetan a los que toda la vida hemos vivido, que recortan nuestras libertades, nuestras costumbres y hasta nuestra forma de vida porque gente que vive a 60 km. y a los que les importamos una mierda quiere hacerse un jardín con mi tierra para fines de semana.

Es lo malo de la ley: que no tiene nada que ver con la justicia. Pasa con el agua, con el idioma, con todo lo que política toca y convierte en cenizas, en mierda, en desvergüenza, deshonor y oprobio.

La culpa la tiene este puto país que tenemos, que es, ni más ni menos, el que todos nos merecemos.

Me voy a la embajada de Suecia, a pedir asilo político.

Saludos, Irlanda

Ya sabéis por qué. Gracias.

viernes, 29 de abril de 2005

¿Y ahora qué escribo?

¿Que todo sigue igual, pero, en cierta manera, he recuperado algo de esperanza, no sé por qué?

¿que la inutilidad me persigue, me llama al teléfono, teléfono que no descuelgo porque estoy cansado de dar panes a perros ajenos, cansado de que nunca nadie me ofreció una triste hogaza, agotado de evitar que alguna vez necesite mendigar el pan y la sal?

¿Que de nada sirve hacer planes, porque la Ley de Murphy es ineluctable y todo se va viniendo abajo, sin ruido?

Sí, hoy no sé qué escribir.

jueves, 28 de abril de 2005

123 km, 84 minutos

Ésos son los kilómeros que hago, el tiempo que malgasto todos los días yendo a servir a tan mal señor. No obstante, ayer era un buen día y hoy también debe serlo. Al menos eso dicen.

martes, 26 de abril de 2005

Jokin

Este es el nombre del chico e Fuenterrabía que se suicidó tras el acoso de sus compañeros de colegio. Es un hecho lamentable, a menudo es un hecho lamentable que alguien muera (a veces no), pero todo esto se está saliendo de madre...
Hace tiempo empecé a quejarme del fracaso de la enseñanaza en España.Hay un grave problema de fondo. La sociedad española, tan inculta a veces, y siguiendo lo que decía Reverte en mi anterior entrada en la bitácora, se la coge con papel de fumar. De una sociedad acostumbrada a la dureza, a la supervivencia y ,en cierto modo, a la camaradería, se ha pasado a una sociedad necia, remilgada, exigenta hasta la náusea e incapaz de hacer autocrítica. Una sociada en la que todo el mundo es responsable menos yo, empezando por el gobierno y terminando por el barrendero de nuestra calle.

Cuando ayer oí que los padres del susodicho habían demandado al director, profesores, jefe de estudio y hasta a las limpiadoras y bedelas, me di cuenta de que este puto país está abocado al fracaso. Aprecio a los profesores en lo que se merecen (no puedo apreciarlos más porque una profesión que debía ser vocacional se ha convertido en un bebedero de patos, en un refugio de advenendizos e incapaces a los que los alumnos les importa un cojón de ardilla, y hablo con conocimiento de causa. La culpa la tiene esta situación: cuando un país se va a la mierda, como éste, no se va sólo en la economía, o la política. Se cae todo, absolutamente todo, por su proio peso.). Como decía, no aprecio a los profesores, pero de ahí a considerarlos culpables de la muerte del chaval va un buen rato. Y si esta sociedad totalmente degenerada hasta la médula (y no va por los matrimonios homosexuales) lo admite, es que vamos mal. Pero que muy mal.

Y es que hemos olvidado que en el colegio se enseña (o se debía hacer) conocimientos. Puros y duros, con sangre. La ética se enseña en la familia y la moral en la iglesia. En la escuela se aprende cosas se transmite conocimientos; en casa se aprende educación y valores y principios. Es responsabilidad de los padres darles educación, civilidad, sociabilidad, amistad, principios, rectitud, honradez, honestidad y todo lo que quieran. En el colegio se debe enseñar logaritmos, reyes godos y capitales del mundo. Está claro que en una microsociedad como el colegio se ponen de manifiesto todas las dolencias y virtudes de la sociedad, y los maestros no son ajenos, y deben corregirlas en la medida de sus posibilidades. Pero la responsabilidad final es y será de los padres.

Claro. Pero es más fácil dejarlos en manos de los maestros, huír de nuestra responsabilidad y pasársela a otros, funcionarios del papá estado. Funcionarios que están indefensos ante unos niños maleducados, incivilizados, irrespetuosos, inútiles, producto de sus padres que, desconcertante, sus padres los consideran como unos hijos de puta modelo. Al final no va a haber quien dé clase.

Los niños son, somos (que yo aún soy un niño), unos cabrones del cuatro. Es la educación la que los vuelve gilipollas sociales y respetuosos con el medio ambiente y sus semejantes. Recuedo mi ñiñez, en mi pueblo, donde acorábamos, acosábamos al que se salía de la norma, sólo por vestir raro, ser raro o llevar el pelo rojo. Y he visto maltratos, barbaridades y vejaciones físicas y psíquicas espeluznantes. Quiza yo alguna vez las provoqué y alguna las sufrí. Pero aquella sociedad, más madura, heredera de una guerra civil y una posguerra de hambre, educaba a los suyos, por allá por 1974, en la lucha, en el pundonor, en la humildad, en la responsabilidad propia de sus actos y su resistencia, en el respeto a los mayores y en la comprensión de una realidad, de un mundo duro e injusto contra el que no se puede luchar pero sí resistir. Todo eso se ha perdido como lágrimas en la lluvia. Tiempo de morir.

Ahora en nuestra sociedad se ha escondido debajo de la alfombra lo que no nos gusta: nuestras miserias, la muerte, la pobreza, el dolor, la enfermedad, la fealdad, la minusvalía, la realidad. La vida, en una palabra. Todos vivimos en un mundo de cuerpos danone, de pisos ideales, de gobiernos progresistas y alternativos y de trayectorias perfectas en un universo tridimensional y virtual. Pero la vida, que es puta y es vieja, reclama lo suyo cuando toca, como los ríos. Y en esta lotería todos llevamos nuestro número agraciado, por mucho que nos empeñemos en negarlo.

Es triste que haya muerto ese chaval. Y quienes lo acosaron no son angelitos ni hicieron bien. Pero los culpables fueron los padres: los de los acosadores y los de los acosados. Y toda la demagogía que se monta es cogérsela con papel de fumar.

Y si me pongo a hablar de evolución, entonces ya se arma la de Dios es Cristo. Y a mí esto, ni me va ni me viene. Cuando se vaya todo a la mierda nos hundiremos con la mayor dignidad posible, peleando hasta el fin.

PS. Reverte ya le dedicó su columna a este asunto

lunes, 25 de abril de 2005

Sin palabras...


He escrito alguna vez que vienen tiempos duros, predicción para la que tampoco hace falta ser muy perspicaz. Nunca hubo tantos imbéciles imponiendo su dictadura, ni tanta gilipollez elevada a la categoría de norma obligatoria. Nunca al qué dirán y a lo socialmente correcto se le dio tanto cuartelillo. Nunca condicionó tanto nuestras vidas el capricho de las minorías, la demagogia de los oportunistas, la estupidez de los tontos del culo. El ejemplo de cómo ese delirio vuelve a las sociedades enfermas e irreales lo tenemos en aquellos países que nos preceden en el asunto; pero en vez de ponérsenos los pelos de punta al advertir los riesgos y el abismo, nos adherimos con el entusiasmo desaforado del converso. En esta España a menudo escasa de cultura y de criterio, cuando se pone de moda una estupidez, en vez de llamarla por su nombre y ocuparnos de cosas más urgentes, nos ponemos a considerarla con toda seriedad. Ninguno de nosotros se la traga de verdad, pero miramos de reojo a los otros, vemos que nadie protesta y que todos –que a su vez nos miran de reojo a nosotros– parecen aprobar la novedad. Así que, haciendo de tripas corazón, nos resignamos a esa enésima vuelta de tuerca.

Arturo Pérez Reverte, El semanal, número 913, del 24 al 30 de abril de 2005

viernes, 22 de abril de 2005

Viernes

Al final la semana llega a su meta. O al menos, eso parece.

Esta semana era una de las tranquilas,...
...de transición. Se ha ido complicando poco a poco, lenta pero segura. Al final, el jueves hubiera matado a cualquiera. Y el problema es que no me queda el fin de semana para descansar. Siempre tengo algo que hacer que no me apetece, lo cual es una violación flagrante del pricipio del descanso: "No hacer nada o, si acaso, lo que le te apetezca".

Nunca descanso, lo he dicho mil veces, porque nunca puedo hacer lo que me apetece. Es lo que tiene vivir en sociedad. No es que me apetezca ir en bolas por la calle o matar a gente (bueno, eso sí). Pero no puedo quedarme en casa leyendo, pasear, dormir todo el día o hincharme a ver pelis porno. Siempre hay algo que hacer con alguien que no me apetece nada, pero que es socialmente correcto.

Esto ha provocado un cansancio emocional crónico que me agosta. Necesito vacaciones para el alma. Ir a comer con los suegros, míos o de mi mujer, agota a cualquiera.