lunes, 23 de mayo de 2005

Como todos los lunes de mi vida, como todos los días de mi vida, estoy agotado y de mala leche. Falta de madurez, supongo. No saber olvidarme de los porblemas y llevarlos siempre en la hormigonera, macerándolos a fuego lento y doloroso, junto con esos miles de sueños incumplidos para siempre.

viernes, 20 de mayo de 2005

-¿Querría usted indicarme qué camino debo tomar para salir de aquí?
-Eso depende en gran medida del lugar a donde quiera ir- respondió el gato.
-No me preocupa mayormente el lugar...- dijo Alicia.
-En ese caso poco importa el camino- declaró el gato.
-...con tal de llegar a alguna parte- añadió Alicia a modo de explicación.
-¡Oh!- dijo el gato. -Puede usted estar segura de llegar si camina durante un tiempo lo suficientemente largo.

Lewis Carroll, "Alicia en el País de las Maravillas".

Punto de inflexión (espero)

A veces uno se encuentra muy cansado, agotado, extenuedo, enervado. Se levanta, mira en derredor y se da cuenta, otra última vez, de que está luchando sin cesar toda su vida, de que pelea por mantener una situación que ni remotamente deseó ni esperó, que donde está no es donde soñaba y que es un sitio tan malo como cualquier otro.

Y lo peor de esa lucha es que te ha consumido, te ha vaciado, te ha dejado demasiado extendido sobre la tostada. No puedes dejar de preguntarte por qué fuiste tan cobarde; por qué no lo mandaste todo al garete hace 10, 15, 20 años, y trataste de alcanzar algún sueño, el que fuera, al precio que fuera.

Porque lo que has pagado hasta ahora no es sino el principio del fin y esta vida no es justa sino inicua y tanta pelea hace que los corazones desfallezcan...

Pero como el toro triste bajas la cabeza y embistes, porque es lo que se espera de ti, porque es lo único que sabes hacer, porque tienes la cruda, deseperante certeza de que ya no se cumplirán tus sueños y tu única salida es resistir, sobrevivir.

jueves, 19 de mayo de 2005

Un día más

Esta mañana, cuando a las 7 salía hacia aquí, no había tema alguno que consignar en esta bitácora maltrecha y derrotada. 45 minutos de coche y tengo tantas cosas que no sé qué poner. Precisamente el día en que casi voy a vender mi radio. Espero que sea de los últimos...
...A lo que vamos. Muchos temas, todos relacionados entre sí, y es que Estados Unidos ya no es el país de los derechos y libertades. Ahora es España, mientras dure, faro y adalid de la solidaridad y el humanismo en este planeta cochambroso, prez del mundo libre donde las libertades y los derechos no tienen parangón en esta galaxia y en la vecina. Somos egregios, conspicuos y rutilantes.
No obstante, este gobierno va a formar una comisión para estudiar si, aparte de los derechos inalienables de cada individuo (e individua), por el hecho de nacer, aparte de ellos alguien tiene algún deber. Incluso la comisión plantea traspasar todos los deberes a inmigrantes, extranjeros y sodomitas. La comisión elevará un escrito a las más altas autoridades en la materia para estudiar el caso.
Aquí cada vez queda menos gente que se vista por los pies, que sea leal y consecuente y que sepa cuál es su mano derecha. Curiosamente, esa gente, la única en la que hoy se puede confiar, no está en las instituciones, gobiernos, universidades o esferas empresariales de alto copete. La única gente que realmente vale la pena está dirigiendo el tráfico, llevando un camión de la Adelina, apretando botones 14 horas al día, cultivando tomates o incluso cantando en el metro. No son todos, cada vez quedan menos y es más difícil distinguirlos. Últimamente está socialmente mal visto no ser alternativo, solidario, cultureta y a la última moda. Demasiadas influencias a través de la televuisión de esa realidad tipo Matrix en la que nos han hecho creer que vivimos.
No lo olvidemos. Elllos son la primera línea, la única línea que nos defiende de que la vida entre y nos dé un bofetón espantoso, los que permiten que los demás vivamos en esa realidad alternativa y descafeinada. Son la piel del tambor donde resuena el orgullo de los viejos tercios, la guardia pretoriana del César susurrando al oído: recuerda que eres mortal, la gente del alambre.

Con un par y un carajillo salen todos los días a trabajar sin saber que gracias a ellos se mantiene este romano llamado status quo. Y en el fondo saben que los otros somos unos mierdecillas. Hoy va por vosotros.

PD. Se me queda en el tintero lo maleducada que es la gente ( a raíz de estar con ella en la carretera), de cómo esta sociedad premia a los inútiles, de como los solitarios lo tenemos más difícil, los honrados imposible, del morro que tienen mis alumnos y sin embargo son buena gente, y de que mi padre hizo muy mal enseñándome a trabajar con las manos y a vestirme por los pies y a tener honor, sobre todo porque he acabado en un mundo donde no hay honor, vergüenza ni se trabaja. Me voy a prácticas.

miércoles, 18 de mayo de 2005

Cansado de esperar el fin

Esperando el fin del día, el de la semana, el del mes... Esperando que se acabe la radioAmedida y mi proverbial mala suerte. Esperando a que acabe todo, sin ganas de nada.

martes, 17 de mayo de 2005

El gallego y el teléfono

Ayer sonó el teléfono varias veces en mi casa, a las 11 de la noche. Era un gallego amable, como todos ellos, preguntando si era la farmacia de guardia. Comprobamos el número y, efectivamente, tenía mi número. Le dije que estaba llamando a la provincia de Castellón, tan lejos en la noche y en el mapa. Se sorprendió.

La vida puede ser bella a veces.

Chile frente a España

Ayer estuve un rato viendo un reportaje, en la 2, por supuesto, acerca del jaguar del cono sur...
... Chile es un país que está sorprendiendo a propios y extraños, por la seriedad y la eficiencia con la que están llevando sus cosas. Han aprovechado el capitalismo y el mercantilismo, pero sin dejar que éste afecte a la política social. Creo que, simplemente, han aplicado el sentido común.
Uno se pregunta por qué. Más concretamente en esta piel de toro desvencijada y triste, por qué no.

Ellos pasaron por una dictadura, por hambre, por guerra, por represión, y salieron más reforzados, con más conciencia social, con mayor certeza de que sólo hay una forma de hacer las cosas: lo mejor que se pueda. Y nosotros pasamos por lo mismo, peor o mejor. ¿Hemos aprendido algo? Rotundamente, no. Quizá la Historia pesa demasiado, que 20 años no es nada y 5000 años son muchos.

Desde el punto de vista evolutivo y etiológico, en las estructuras sociales la mejor estrategia no es aquella que beneficia al individuo, sino la que además beneficia al grupo. Esto sólo significa que, a la larga, los grupos con esas estrategias perduran, prevalecen, sobresalen sobre otros.

En este país egoísta y cainita lo tenemos claro. Más claro que el agua.

lunes, 16 de mayo de 2005

Gracias, Reverte.

Fin de semana: domingo.

Todo empieza a pedir de boca. Me quedo solo en casa, me levanto cuando me apetece, me pongo a trabajar y ver la tele, llegan los Simpson, episodios refritos pero sabrosos...Al final el teléfono relaciona mi vida con otras vidas, me une al mundo y rompe mi felicidad.
Y depués cometo el error de leer, en mi indolencia, un periódico local.
Craso error.
Que todo esto se va a la mierda, que se hunde, es algo que no tiene mérito consignar aquí, porque creo que casi todos lo sabemos. Que esto se va a ir a la mierda, por lo bajini, sin hacer ruido, creo que lo sabe menos gente. No esperen un gran estruendo y un cataclismo bíblico: va a ser menos espectacular, más real.
Pero sí tengo claro que todo, pero lo que se dice absolutamente todo esto se colapsará un día súbitamente. No habrá medias tintas, nada de una caída parcial: hundimiento generalizado, como toca.
Leyendo el períódico local he comprobado la dimensión fractal de la mierda en que estamos metidos. Da igual que el periódico que leas sea comarcal, local, autonómico o nacional. El espesor, la densidad y el hedor de la mierda es constante. Un mero factor de escala. Un puto fractal. La lupa amplía mierda que tiene a su vez mierda que tiene a su vez mierda que tiene a su vez...
Por eso todo caerá de repente, en todos los ámbitos, a todos los niveles, como les gusta decir a nuestros políticos. Cuando rebose lo hará en todos los vasos comunicantes, que es nuestra vida.
Así que si tenéis suerte, cuando este puto país se hunda os pillará fuera de España. En un país mejor, como Suecia, o en un país hermano, como Etiopía. Si se hunde y estáis allí, os envidio vuestra buena suerte.
Nosotros, los más, nos comeremos el hundimiento con la dignidad y el estoicismo con los que la historia y esa caterva de mermados políticos nos han venido acostumbrando. Porque España, un país desgraciado de tan mala suerte que tiene, ya está acostumbrada a hundirse.

Fin de semana: sábado.

No empiezan bien las cosas, como ningún fin de semana. Cada vez ocurre lo mismo; menos tiempo para mí, cada vez peleando más en otras palestras con el fin de diversificar riesgos, de buscar la esperanza perdida en tantos sitios como se nos ocurra, de jugar a la lotería cuanto sea posible.
El crédito se agota, y aún así seguimos, sigo peleando porque no hay más remedio, porque otra elección significaría simplemente rendirse.
De todas formas, ayer fui testigo de nuevo de otro lamentable indicio de que todo esto va muy mal.
Anoche vi un país colapsado, dividido, ilusionado, unido y movilizado por el fútbol. Pan y circo.

No he visto a la gente nunca tan movilizada por aspectos que sí afectan a nuestra vida: la deleznable clase política, la usura de los bancos, la sanidad, la educación, el tráfico, los impuestos, la vivienda, la investigación, la pobreza...Los mil aspectos que, si pusiéramos algo de empeño en arreglarlos, o simplemente exigirles a esos papanatas del congreso que se ganen los buenos sueldos que cobran, como todo nacido, otro aire nos correría. Pero no ocurre. Y lo peor es que nos va la vida en ello, como decía Milanés o Silvio, no recuerdo.
Pero el fútbol...Eso sí. Si gana la liga el Barcelona, o el Madrid, o el Valencia o el Ferrol, hay que salir a la calle, expresar la alegría y el gozo porque, a buen seguro, ese equipo nos va a dar de comer todo el año, nos va a pagar la hipoteca, va a garantizar nuestra sanidad.

¿O no? Porque si no es así, no me explico que la gente se movilice por el fútbol, conozca de pe a pa lo de gran hermano y se sepa al dedillo la prensa de corazón.
A no ser que...
Si, va a ser eso.
La incultura y el fanatismo son la mejor garantía de que unos políticos fanáticos e incultos dominen a un país.

Esto no es nuevo. Ahora leo "La divina comedia", escrita en 1300. Y los barateros y usureros tenían su sitio en el infierno.
Sitios más selectos que los lujuriosos, que es donde me gustaría estar: segundo círculo según se entra. Pregunten por mí.

jueves, 12 de mayo de 2005

Gene Hackman: Es usted un cobarde. Ha matado a un hombre desarmado.
Clint Eastwood: Pues debió haberse armado cuando decidió decorar su local con mi amigo.

El estado de la nación

Ha sido inevitable permanecer ajeno a tan magno evento, que te agrie la leche. El estado de la nación...
...Aunque he comprobado con sorpresa que, al parecer, los políticos y yo no vivimos en la misma nación. Porque lo que ellos cuentan no tiene nada con la realidad cotidiana y acostumbrada en la que me muevo. No vivimos en el mismo país. Mi inframundo, vulgar y grasáceo, no sale en los periódicos, ni en la tele. Es un inframundo anodino que comparto con muchos, la maoyoría de mis semejantes. Creo que casi ninguno de nosotros vive en ese país de las maravillas que todos se empeñan en representar y vender. Aunque hay mucha gente que lo desea, y hasta se lo cree. Efecto Matrix: han creado una realidad virtual que gusta a la mayoría, y la masa aborregada que se proclama gente ha cogido esa vida "pret a porter" con la que nos machacan y la llevan, con más pena que gloria.

Pero no lo olvidemos. La vida real, la que al final vivimos por necesidad, es puta y la carga el diablo. Maduremos un poco...

martes, 10 de mayo de 2005

Uno tiene que aprender a vivir consigo mismo.

Yo encuentro eso de lo más difícil en esta perra vida. Creo que todos nos acabamos conociendo de sobras, quizá por eso es más difícil tolerarnos a nosotros mismos que a los demás. Y porque en dias grises sólo quedas tú, esperando la tormenta a contraluz. Examinando tus miserias en soledad y paladeando el dolor y la derrota hasta la extenuación y la rabia y el llanto. Es difícil vivir en sociedad, pero mucho más vivir consigo mismo.

lunes, 9 de mayo de 2005

Este es otro día en que no sé qué poner

Pero al menos llueve, de tormenta, y el cielo y el día está gris, y hace juego con mi ropa, con mi corazón.

Empieza la semana con Reverte.

A veces eso te da fuerzas para empezar a resistir otra vuelta de tuerca...

"El caso, como digo, es que estás entre ellos y dices: son mis compadres y la siguiente andanada de a 36 libras la pago yo. Entonces ves al final de la barra un periódico con los titulares llenos de esa otra España virtual, divorciada de la real. De ese zoco moruno de golfos encorbatados y sin encorbatar que te agría la leche, quieras o no quieras, a cada paso que das en este país desgraciado que tan mala suerte tiene. Y piensas: hay que ver. Tanto sinvergüenza donde siempre, que para eso no pasa el tiempo. Tanto oportunista, tanto demagogo, tanto cretino arrogante, tanto analfabeto, tanto insolidario, tanto irresponsable gobernando u oponiéndose, turnándose en la infamia desde hace siglos. Devolviéndonos al pozo cada vez que estamos a punto de sacar dignamente la cabeza, y lavándose luego las manos diciendo yo no sabía, no era mi intención, yo sólo pasaba por ahí. Entiéndaselas con el almirante francés, o con el maestro armero. Siempre salió barato hacer el destrozo y escurrir luego el bulto en este país con tan mala memoria, donde ningún culpable paga los tiestos rotos. Y sin embargo, pese a todo, tan siniestros fulanos no consiguieron acabar nunca con los Nicolás Marrajo que estaban de turno, con la delgada línea gris que todavía vertebra lo que nos queda. Con la gente que apechugó junto a la Aceitera, o donde fuera, y que hoy aguanta cada día en el trabajo, en la vida, en los sueños que ni siquiera nuestra nauseabunda clase política ha podido truncar. Tataranietos, nietos, hijos de aquellos pobres héroes sacados de hospitales, cárceles y tabernas, que pagaron, como siempre, por los que no pagan nunca. Reflexionar sobre todo eso cabrea mucho, claro. Pero también salva un poquito. O un muchito. De pronto echas un vistazo alrededor, miras los caretos honrados que tienes cerca, te asomas la calle y piensas, bueno. Menos mal que existe el bar de Lola, y ahí se te quita el frío. Si uno se fija, aún queda gente, y ganas. Y dignidad. Quizá, después de todo, esos hijos de puta no puedan con nosotros. Y esta vez no me refiero a los ingleses."

Arturo Pérez Reverte, El semanal, nº 915, del 8 al 14 de mayo de 2005

jueves, 5 de mayo de 2005

A veces me da por pensar.

A veces me da por pensar...


A veces me quedo solo, completamente solo, en un comedor atiborrado de gente atareada y vocinglera. Pongo en marcha la hormigonera de mi cerebro, que amalgama todos los recuerdos y los errores y los escuálidos éxitos. La terrible hormigonera que todo lo puede y te despierta las más de las noches en pesadillas irreconciliables.

Contemplo en mi silencio las caras, los rostros, los cuerpos que, sin quererlo y sólo en mi mente, representan paradigmas de todas las vidas posibles, de todas las vidas que soñé y que, ahora no tengo; que posiblemente jamás tendré.

Y jamás las tendré porque tarde o temprano elegimos. Por voluntad propia, o impelidos por circunstancias, personas o lugares. Jmás hay retorno, jamás hay posibilidad de empezar de cero y vivir de nuevo esas vidas en remotos lugares, con desconocidos rodeándonos y con el sabor metálico de la incertidumbre, del miedo en la punta de la lengua.

O sí se puede, pero somos cobardes, somos incapaces de pagar el precio de tirar por la borda esa vida que ahora llevamos. Todos somos cobardes en nuestro fuero interno.

El tiempo ha pasado y sólo sé que no estoy donde quería estar. Donde estoy no es mal sitio, y quizá hasta me envidie otra ensimimada hormigonera en la otra esquina del comedor. Pero nadie está contento con lo que tiene, ¿no?

"Últimamente ando algo perdido
me han vencido viejos fantasmas
nuevas rutinas

y en cada esquina acecha un ratero
para robarme las alhajas los recuerdos
las felicidades

de un tiempo a esta parte
llego siempre tarde
a todas mis citas

y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto no amarte
no amarte

últimamente ando desconcertado
así que ponte a salvo porque en este estado
ando como loco

y me enamoro de mujeres comprometidas
llenas de abrazos
llenas de mentiras

de un tiempo a esta parte a mi amor propio algo le falta
lo has dejado unos puntos
por debajo del de kafka

y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte

últimamente planeo una huida
para rehacer mi vida
probablemente en marte

seguro que allí no hay nadie empeñado en aconsejarme
ismael qué te pasa
no estudias no trabajas

y qué vamos a hacerle
si es que últimamente ando algo perdido
si te necesito

si de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte

han de venir tiempos mejores
cometeré más errores daré menos explicaciones
y haré nuevas canciones

en las que te cuente como últimamente
son tan frecuentes tristes amaneceres
ahogando mis finales

repetidos cansados
miserables
llenos de soledades

de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto tanto tanto me cuesta tanto
no amarte"


I. Serrano. "Últimamente", de su disco La memoria de los peces.


Sueños

Últimamente tengo sueños muy muy raros. Necesito un aparato para grabarlos y luego colgarlos en Internet. Me haría de oro.

Por cierto, hace tiempo aprendí un sinónimo de locuaz que, ahora, no puedo recordar y me lleva dos días dando vueltas en la cabeza. Estoy enfermo.

miércoles, 4 de mayo de 2005

Compañeros, ¿por qué me habéis abandonado?

Las bitácoras amigas, están mudas, desiertas, desangeladas. ¿dónde andarán sus habitantes, otrora alegres y locuaces, y ahora silentes y oscuros como estos tiempos inciertos que nos han sido dados?

Justicia y ley

Acabo de fotocopiar para mi padre la Ley de Ordenación del Parque Natural de la Sierra Calderona. Es lo que tiene vivir en estos países tercermundistas...
..., usted ya me entiende. Mi familia lleva no sé cuántas generaciones viviendo en esta zona, a caballo entre la Sierra Espadán y la Sierra Calderona. Muchos años malviviendo de la tierra, desagradecida y dura, pero lo único que se ha tenido por cierto.

El mundo se ha hecho mayor, por desgracia. Y ahora una gran mayoría, los valencianos en este caso, quieren "proteger" esta zona donde nosotros vivimos todos los días, desde hace años, para que esté limpia y fijada y esplendorosa sus fines de semana. Así que no tengamos en cuenta a la gente que ha vivido allí desde siempre, la que tuvo el valor de quedarse cuando arreció la dureza, la que no pudo hacer otra cosa que resistir en lugar de emigrar a la costa donde el pan era más fácil, más amargo.

Ahora vienen desde fuera a imponer unas leyes que no respetan a los que toda la vida hemos vivido, que recortan nuestras libertades, nuestras costumbres y hasta nuestra forma de vida porque gente que vive a 60 km. y a los que les importamos una mierda quiere hacerse un jardín con mi tierra para fines de semana.

Es lo malo de la ley: que no tiene nada que ver con la justicia. Pasa con el agua, con el idioma, con todo lo que política toca y convierte en cenizas, en mierda, en desvergüenza, deshonor y oprobio.

La culpa la tiene este puto país que tenemos, que es, ni más ni menos, el que todos nos merecemos.

Me voy a la embajada de Suecia, a pedir asilo político.

Saludos, Irlanda

Ya sabéis por qué. Gracias.

viernes, 29 de abril de 2005

¿Y ahora qué escribo?

¿Que todo sigue igual, pero, en cierta manera, he recuperado algo de esperanza, no sé por qué?

¿que la inutilidad me persigue, me llama al teléfono, teléfono que no descuelgo porque estoy cansado de dar panes a perros ajenos, cansado de que nunca nadie me ofreció una triste hogaza, agotado de evitar que alguna vez necesite mendigar el pan y la sal?

¿Que de nada sirve hacer planes, porque la Ley de Murphy es ineluctable y todo se va viniendo abajo, sin ruido?

Sí, hoy no sé qué escribir.

jueves, 28 de abril de 2005

123 km, 84 minutos

Ésos son los kilómeros que hago, el tiempo que malgasto todos los días yendo a servir a tan mal señor. No obstante, ayer era un buen día y hoy también debe serlo. Al menos eso dicen.

martes, 26 de abril de 2005

Jokin

Este es el nombre del chico e Fuenterrabía que se suicidó tras el acoso de sus compañeros de colegio. Es un hecho lamentable, a menudo es un hecho lamentable que alguien muera (a veces no), pero todo esto se está saliendo de madre...
Hace tiempo empecé a quejarme del fracaso de la enseñanaza en España.Hay un grave problema de fondo. La sociedad española, tan inculta a veces, y siguiendo lo que decía Reverte en mi anterior entrada en la bitácora, se la coge con papel de fumar. De una sociedad acostumbrada a la dureza, a la supervivencia y ,en cierto modo, a la camaradería, se ha pasado a una sociedad necia, remilgada, exigenta hasta la náusea e incapaz de hacer autocrítica. Una sociada en la que todo el mundo es responsable menos yo, empezando por el gobierno y terminando por el barrendero de nuestra calle.

Cuando ayer oí que los padres del susodicho habían demandado al director, profesores, jefe de estudio y hasta a las limpiadoras y bedelas, me di cuenta de que este puto país está abocado al fracaso. Aprecio a los profesores en lo que se merecen (no puedo apreciarlos más porque una profesión que debía ser vocacional se ha convertido en un bebedero de patos, en un refugio de advenendizos e incapaces a los que los alumnos les importa un cojón de ardilla, y hablo con conocimiento de causa. La culpa la tiene esta situación: cuando un país se va a la mierda, como éste, no se va sólo en la economía, o la política. Se cae todo, absolutamente todo, por su proio peso.). Como decía, no aprecio a los profesores, pero de ahí a considerarlos culpables de la muerte del chaval va un buen rato. Y si esta sociedad totalmente degenerada hasta la médula (y no va por los matrimonios homosexuales) lo admite, es que vamos mal. Pero que muy mal.

Y es que hemos olvidado que en el colegio se enseña (o se debía hacer) conocimientos. Puros y duros, con sangre. La ética se enseña en la familia y la moral en la iglesia. En la escuela se aprende cosas se transmite conocimientos; en casa se aprende educación y valores y principios. Es responsabilidad de los padres darles educación, civilidad, sociabilidad, amistad, principios, rectitud, honradez, honestidad y todo lo que quieran. En el colegio se debe enseñar logaritmos, reyes godos y capitales del mundo. Está claro que en una microsociedad como el colegio se ponen de manifiesto todas las dolencias y virtudes de la sociedad, y los maestros no son ajenos, y deben corregirlas en la medida de sus posibilidades. Pero la responsabilidad final es y será de los padres.

Claro. Pero es más fácil dejarlos en manos de los maestros, huír de nuestra responsabilidad y pasársela a otros, funcionarios del papá estado. Funcionarios que están indefensos ante unos niños maleducados, incivilizados, irrespetuosos, inútiles, producto de sus padres que, desconcertante, sus padres los consideran como unos hijos de puta modelo. Al final no va a haber quien dé clase.

Los niños son, somos (que yo aún soy un niño), unos cabrones del cuatro. Es la educación la que los vuelve gilipollas sociales y respetuosos con el medio ambiente y sus semejantes. Recuedo mi ñiñez, en mi pueblo, donde acorábamos, acosábamos al que se salía de la norma, sólo por vestir raro, ser raro o llevar el pelo rojo. Y he visto maltratos, barbaridades y vejaciones físicas y psíquicas espeluznantes. Quiza yo alguna vez las provoqué y alguna las sufrí. Pero aquella sociedad, más madura, heredera de una guerra civil y una posguerra de hambre, educaba a los suyos, por allá por 1974, en la lucha, en el pundonor, en la humildad, en la responsabilidad propia de sus actos y su resistencia, en el respeto a los mayores y en la comprensión de una realidad, de un mundo duro e injusto contra el que no se puede luchar pero sí resistir. Todo eso se ha perdido como lágrimas en la lluvia. Tiempo de morir.

Ahora en nuestra sociedad se ha escondido debajo de la alfombra lo que no nos gusta: nuestras miserias, la muerte, la pobreza, el dolor, la enfermedad, la fealdad, la minusvalía, la realidad. La vida, en una palabra. Todos vivimos en un mundo de cuerpos danone, de pisos ideales, de gobiernos progresistas y alternativos y de trayectorias perfectas en un universo tridimensional y virtual. Pero la vida, que es puta y es vieja, reclama lo suyo cuando toca, como los ríos. Y en esta lotería todos llevamos nuestro número agraciado, por mucho que nos empeñemos en negarlo.

Es triste que haya muerto ese chaval. Y quienes lo acosaron no son angelitos ni hicieron bien. Pero los culpables fueron los padres: los de los acosadores y los de los acosados. Y toda la demagogía que se monta es cogérsela con papel de fumar.

Y si me pongo a hablar de evolución, entonces ya se arma la de Dios es Cristo. Y a mí esto, ni me va ni me viene. Cuando se vaya todo a la mierda nos hundiremos con la mayor dignidad posible, peleando hasta el fin.

PS. Reverte ya le dedicó su columna a este asunto

lunes, 25 de abril de 2005

Sin palabras...


He escrito alguna vez que vienen tiempos duros, predicción para la que tampoco hace falta ser muy perspicaz. Nunca hubo tantos imbéciles imponiendo su dictadura, ni tanta gilipollez elevada a la categoría de norma obligatoria. Nunca al qué dirán y a lo socialmente correcto se le dio tanto cuartelillo. Nunca condicionó tanto nuestras vidas el capricho de las minorías, la demagogia de los oportunistas, la estupidez de los tontos del culo. El ejemplo de cómo ese delirio vuelve a las sociedades enfermas e irreales lo tenemos en aquellos países que nos preceden en el asunto; pero en vez de ponérsenos los pelos de punta al advertir los riesgos y el abismo, nos adherimos con el entusiasmo desaforado del converso. En esta España a menudo escasa de cultura y de criterio, cuando se pone de moda una estupidez, en vez de llamarla por su nombre y ocuparnos de cosas más urgentes, nos ponemos a considerarla con toda seriedad. Ninguno de nosotros se la traga de verdad, pero miramos de reojo a los otros, vemos que nadie protesta y que todos –que a su vez nos miran de reojo a nosotros– parecen aprobar la novedad. Así que, haciendo de tripas corazón, nos resignamos a esa enésima vuelta de tuerca.

Arturo Pérez Reverte, El semanal, número 913, del 24 al 30 de abril de 2005

viernes, 22 de abril de 2005

Viernes

Al final la semana llega a su meta. O al menos, eso parece.

Esta semana era una de las tranquilas,...
...de transición. Se ha ido complicando poco a poco, lenta pero segura. Al final, el jueves hubiera matado a cualquiera. Y el problema es que no me queda el fin de semana para descansar. Siempre tengo algo que hacer que no me apetece, lo cual es una violación flagrante del pricipio del descanso: "No hacer nada o, si acaso, lo que le te apetezca".

Nunca descanso, lo he dicho mil veces, porque nunca puedo hacer lo que me apetece. Es lo que tiene vivir en sociedad. No es que me apetezca ir en bolas por la calle o matar a gente (bueno, eso sí). Pero no puedo quedarme en casa leyendo, pasear, dormir todo el día o hincharme a ver pelis porno. Siempre hay algo que hacer con alguien que no me apetece nada, pero que es socialmente correcto.

Esto ha provocado un cansancio emocional crónico que me agosta. Necesito vacaciones para el alma. Ir a comer con los suegros, míos o de mi mujer, agota a cualquiera.

miércoles, 20 de abril de 2005

Cuento inconcluso




Querida Mar:

Te escribo a tu orilla, desde aquella vieja taberna en aquel viejo puerto donde una vez nos conocimos. Hoy estás más bella que nunca, y estás caprichosa y rebelde como todas las mujeres lo sois. Veo la silueta desdentada de mi barco balanceándose en tu seno, mientras jugueteas con él como lo haces conmigo cuando paseamos juntos.
Hoy estoy aquí, contemplándote tras las ventanas, mientras a mi espalda dormitan borrachos un puñado de marineros y escucho la música del llanto del cielo sobre este cristal que deforma mi panorama. Hoy te hablo porque estoy muy solo, y aunque lo viste todo y lloraste por mí, necesito contártelo. Han sido muchos los mares que he surcado, y muchas las veces que entré en batalla, con el olor de la pólvora entremezclada con el de sangre fresca, los gritos de terror y de furia entrechocándose como lo hacen los sables en el fragor del abordaje, las noches, tus malas noches en que zarandeabas mi cascarón y agarrado en la oscuridad de mi camarote sentía cómo lamías la cubierta con tus lágrimas, mientras cimbreaban los cables del velamen y rasgaban tu noche inmensa, más inmensa sin ti. Es cierto, llevamos mucha guerra a nuestras espaldas, demasiado peso en la mochila.
Debí haber desconfiado de él cuando lo reconocí. No se puede evitar que un escalofrío te saluda toda la espina dorsal cuando en el horizonte avistas una vela. Comienzas a prepararte, con el corazón en un puño, siempre, inevitablemente, para la lucha o la huida. Cuando avistamos su divisa, lo tomamos como amigo, porque lo era, y aunque me duela, continúa siéndolo. Toda la tripulación subió alborozada a cubierta, con la esperanza de abrazar a algún conocido y encontrar una excusa aceptable para hacerse con una buena pinta de cerveza. Recogimos velas y esperamos pacientes su arribada.
Siempre había sido una nave bonita. Recordarás que surcamos mucho tiempo los mares juntos, abordando a cuantos se ponían al alcance de nuestras piezas, escapando por los pelos de muchos e inciertos peligros, y tragando los tragos más amargos a solas contigo, como aquella tempestad cerca de Buena Esperanza que casi nos hace ir a verte en persona. ¡Por Neptuno…!
Sí, fueron buenos tiempos. Era todo un gozo contemplar la silueta familiar y recordar las andanzas. Si no hubiese estado ensimismado con buenos recuerdos hubiese advertido su poca actividad en cubierta, o las portillas abiertas mostrando las bocas negras de las veinte piezas de estribor.
Creía haberlo divisado sobre cubierta, y aunque me pareció más serio que de costumbre, más taciturno, no recelé. Hice señas y aspavientos, con mi alegría más sincera, y creí que me respondía, aunque en realidad, realidad amarga como la hiel, estaba dando la orden de fuego.
Nos largó una andanada terrible, espantosa, con mala saña. Sentí como el barco gemía y se estremecía bajo mis pies, por un momento pensé que se desencuadernaba. Todo el aire se llenó de un humo blanco y el griterío y el pánico arreciaron en cubierta. No sé si es que los últimos zarpazos que la vida me ha brindado han surtido su efecto, porque en otro tiempo ese hubiese sido el final. Pero la cuestión es que hice lo que debía hacer. Bajé del castillo de popa y ordené largar velas. La tripulación tenía la lección de antaño bien aprendida. Nos había tocado algún palo, pero pronto lo tuvimos casi a todo trapo mientras virábamos a estribor como alma que llevaba el diablo. Cuando largó la segunda andanada se encontró con la popa que se alejaba.
No hizo maniobra para seguirnos, en parte porque no debía pretenderlo, en parte porque sabía que éramos más rápidos que él, las últimas escaramuzas lo habían dejado claro como también habían dejado claro que nuestras estelas se separaban.
Estuvimos hasta bien entrada la noche achicando a la luz asustada de los fanales, cerrando vías de agua en una sentina con astillas flotando impotentes de rabia y de dolor.
Con la luz del día reparamos el velamen y la jarcia, en un silencio que dolía más que la muerte misma. Tú misma nos acompañaste tranquila y sosegada, arrullando nuestras penas como sólo tú sabes y puedes hacerlo.
Y aquí estamos de nuevo, en este viejo puerto, curando esas heridas que no cierran. Sabes que de peores he salido, y saldré adelante de ésta, bien lo sabes. Pero esta es una andanada de las que duele, de las que dan bajo la línea de flotación de un corazón ya cansado y marcado por el dolor.
Por eso recurro a ti, que lames las heridas más duras. A tu orilla, desde aquella vieja taberna en aquel viejo puerto donde una vez nos conocimos.

Cuento 3


El pequeño claustro estaba abarrotado. A cubierto, bajo la arcada del fondo, se había sentado el rey sobre una improvisada tarima desde la que contemplaba al gentío. Ardía en el centro un fuego de campamento alimentado por mesas, sillas y demás muebles de las saqueadas estancias. Por toda la ciudad habían esparcidos improvisados campamentos que tachonaban la noche de hogueras vacilantes y acogían a los invasores. En la plaza contigua, todo un campamento con la guardia personal descansaba receloso. Adentro, en el claustro, el rey celebraba la victoria con el botín de los vencidos.
La mayoría eran aguerridos y rudos caballeros, enfundados en sus armaduras. También había mujeres, rameras en su mayoría de una estela que arrastraba el ejército en su imparable avance.. Y una pequeña corte de ancianos y consejeros y generales, el bastón del fiero rey.
El rey contemplaba displicente la algarabía y el derroche de vino, cerveza y manjares robados. Una espantosa cicatriz le aborrascaba el ceño y configuraba su fiero semblante, una feroz mueca que le había brindado el sobrenombre de "el terrible", aunque sus ferocidades bastasen por sí solas.
Nadie advirtió su llegada. Ni siquiera el rey desde su atalaya. Pero, al fondo, a su izquierda, comenzó a sonar una voz, una melodía mágica y misteriosa, un canto melancólico que ascendía por entre las balaustradas y resonaba en todo aquel atrio.
Al principio no fue más una voz ahogada en el estruendo pero, lentamente, fue cesando el escándalo y el vocerío y los gritos y se empezó a extender un silencio de dolor sobre los allí congregados. Todas las miradas se dirigieron hacia la tramada de arcos a la izquierda del soberano. Allí, donde arrancaban los pilares que soportaban los arcos, estaba de pie una hermosa mujer, frágil, de piel clara como la nieve, corto pelo negro, labios finos y una voz que inflamaba la envidia de los mismos ángeles del cielo. Iba vestida con una blanca túnica, liviana, y a sus pies un anciano se recostaba contra el pilar y abrazaba una sobada gaita.
Quienes estaban cerca de ella se alejaron formando un círculo, pues la tomaron por bruja, y todos permanecieron mudos, extáticos, escuchando aquella voz pura y virginal que trepaba suavemente por los sillares.
También el rey se puso de pie, asombrado. En la puerta que desembocaba a la plaza se detenían los curiosos. Mientras tanto, la voz seguía flotando, inmaterial, en el aire gélido, una voz que traía lamentos por hijos muertos, por hermanos perdidos, por amantes caídos, por paraísos perdidos. Una voz que nacía del corazón desgarrado por el dolor y la derrota, que penetraba hasta los más oscuros rincones del alma a donde a duras penas llegaba nunca la luz.
Calló la voz, y la gaita y el anciano comenzaron a plañir lastimosamente lágrimas del alma, colinas verdes arropadas por la niebla con hedor a sangre fresca de la derrota. Algunas de las mujeres huyeron despavoridas persignándose, como un susurro, pero la mayoría de los caballeros permanecieron allí, impasibles, aferrados, inmóviles, como si todos sus corazones fueran uno único y mismo terriblemente acongojado, oprimido.
Primero se hincó de hinojos una mujer. Luego otra. Luego se escuchó el entrechocar de las rodilleras y la espada de un caballero en el frío suelo. Luego otro, y otro, y otro más. La gaita calló y la muchacha volvió a quebrar el silencio, a entonar aquellas palabras ininteligibles para la mente pero inequívocas para el corazón. Todo el mundo se había arrodillado. Los más ancianos se habían tumbado en el suelo, con los brazos en cruz, el rostro hacia el cielo. Un silencio sepulcral era trizado por aquella voz, aquel cántico de otra tierra. Sólo el terrible rey permanecía entre todos en pie. Impetuoso bajó de la tarima y se dirigió colérico hacia la blanca dama, apartando a empellones a quienes entorpecían su camino. Nadie le abrió paso, nadie dijo nada. Sólo la voz cantaba. Sólo la voz. Cuando llegó ante la muchacha, cuando la vio con claridad, se detuvo y permaneció en silencio frente a ella, escuchándola, mientras una gran tristeza y pesar entraba en su negro corazón.
La hoguera languidecía, desatendida. El frío cortaba los rostros y gruesos copos de nieve iban cuajando lentamente, cayendo perezosos como hojas marchitas. Pronto comenzó a nevar copiosamente. Nadie se movía, nadie hablaba. Sólo el hipnótico canto seguía acariciando sus corazones. El rey buscó con la mirada a su hombre de confianza, lo atrajo hacia sí y le ordenó desalojar los claustros. Comenzó un leve fragor, mientras levantaban a los ancianos y arrojaban a la calle a las mujeres y a los plebeyos.
Pronto apenas quedaron sino unos guardias y unos cuantos caballeros escogidos que se resguardaban bajo los claustros mientras el rey seguía allí, inmóvil, de pie, contemplando a la blanca dama, contemplando cómo su pelo se sembraba de blanca nieve, cómo los copos caían sobre sus hombros y sobre sus manos y la aterían. Y el rey seguía escuchándola, la voz seguía alzándose al cielo como un lamento, sólo interrumpida por el llanto de la gaita. Alguien arropó al rey poniéndole una capa sobre los hombros. Éste ordenó acercar la hoguera y avivarla, ordenó construir una especie de toldo con lanzas y tapices sobre la blanca dama para protegerla de la nevada. Siguió allí, de pie, en medio de la noche cerrada, vestido con el blanco sudario de la nieve, con el silencioso rumor apagado de los copos cayendo mansamente, con aquel canto desgranándose nota a nota en la oscuridad, en el silencio.
Trajeron una cena caliente al monarca, que tomó de pie, en silencio. Un soldado llevó algo caliente al anciano, que tomó callado mientras la muchacha cantaba. El propio rey acercó un cuenco humeante a la muchacha. No lo tomó.
La noche siguió avanzando lenta, tristemente. cada vez su voz era más débil, el rey se aproximaba más y más para poder oírla. Cada vez estaba más blanca, tan blanca como negro el corazón del rey, tiritaba de frío. En vano el rey trató con sus propias manos de llevarle a los labios la sopa tibia.
Cuanto más débil era su voz, más bella la melodía, y la voz fue primero voz y luego murmullo y luego susurro, y llegó un momento en que sólo el rey la oía, y era tan bello el canto que su negro corazón comenzó a llorar como jamás lo había hecho. Y cuando la noche era más oscura, la nevada más intensa, cuando más bello era ese canto, cuando el rostro del rey rozaba ya el de la blanca dama, cuando la voz era un suspiro que sólo el corazón oía, ella se desplomó sin vida.
El rey la tomó raudo e impidió que cayera. Seguía nevando.
El sol encontró al rey sosteniéndola todavía en la misma posición, con una lágrima helada en la mejilla. Nadie osó hablar, nadie se movió aquella noche. Sólo el gaitero sollozaba en silencio con el rostro escondido entre las manos.
Poco después de amanecer, el rey encendió una enorme pira donde ardió el cuerpo de la muchacha, en el mismo sitio donde él la había sostenido. El anciano gaitero arrojó al fuego la gaita que no sonó, que no volvería a sonar jamás. Los dos permanecieron silentes frente al fuego. Las llamas ascendían feroces al cielo, desde toda la ciudad se divisaba una columna de humo espantosa, y sólo un milagro del Hacedor impidió que ardiese todo el edificio aquel día. Cuando la guardia personal del rey logró derribar la puerta todavía cerrada para socorrerlo, sólo quedaba el recuerdo y las cenizas de una blanca dama, contempladas en silencio por un rey y un humilde gaitero.
Aquella mañana fueron liberados todos los prisioneros, y al mediodía, al mando de sus fuerzas, el rey abandonó la ciudad y la devolvió a sus habitantes. Y cantan los juglares que jamás fue ya la misma persona, y que el apodo del terrible se perdió en el olvido.

Para Mar, el 20 de diciembre de 1996

Cuento 2



En eso que el Hacedor de Fuego divisó la aldea. Ofrecía un aspecto desolado, lúgubre, un manchón gris en el helado paisaje. El barro del camino crujía bajo sus pies.
El Hacedor de Fuego era ya un anciano. Hacía muchos, demasiados años que recorría aquellos caminos hendidos y embarrados, portando el fuego a través de toda la Tierra Muerta. Él había sido Hacedor de Fuego como lo fue su padre, y como el padre de su padre. Eran la estirpe de los Asobán, una de las siete familias escogidas por Tarin para devolver el fuego a la Tierra Muerta que antes fue la Tierra Verde, el legendario paraíso que suscitó la ira y la envidia de la Reina de las Nieves. Pero la Reina de las Nieves marchita todo aquello sobre lo que reina, y fue así que la Tierra Verde se cubrió con el blanco sudario de su reina, y sus habitantes fueron olvidando su nombre y su historia, e imperceptiblemente se convirtió en la Tierra Muerta. Apenas si se recuerda el día en que Tarin escogió a los siete Heraldos Rojos, los siete hacedores de fuego. De eso hace ya muchas centurias y tan sólo los juglares guardan la memoria de aquellos tiempos llorados.
El hacedor divisó a los niños esperándole ansiosos a las orillas de la vereda. A lo lejos, hacia la entrada de la aldea, se arremolinaba una desharrapada multitud, aguardándole. Las noticias volaban, hasta en la Tierra Muerta.

Los chiquillos corretearon a su alrededor, alborozados y escandalosos, preludiando su llegada. Los curiosos se amontonaban en la entrada de la mísera aldea, con su jefe a la cabeza. Éste era un hombre de aspecto tosco, feroz, cincelado a fuerza de golpes por aquel clima y aquella tierra inhóspita, sobrecogedora. Recibió al Hacedor con un gruñido, un sonido gutural que abrió un corredor entre el gentío. El anciano siguió caminando trabajosamente por el barro macerado. La multitud guardaba un silencio sepulcral, casi sobrenatural. El jefe de la aldea comenzó a caminar a su espalda, también en silencio. Oyó a la marabunta que comenzó a moverse como un animal extraño, torpe y pesado. Estaba acostumbrado a mucho tipo de recibimientos. Jamás osaba recriminar a una aldea por ello. Eran gentes curtidas en el dolor y en la desgracia, eran hijos de la Reina de las Nieves.

Hasta en la Tierra Muerta las noticias tenían alas más rápidas que el viento, maldito sea el viento que a nadie trae nuevas. En lo que parecía la plaza central de la aldea, se encontraba una inmensa pila de troncos y leña retorcida, nudosa y desmadejada por el frío y por el miedo. De pie, junto al montón de leña, permanecían de pie, nerviosos, los tres camareros del Hacedor, encargados de aprender los secretos del fuego y responsables de hacerlo perdurar en el tiempo y el espacio, cuando el heraldo continuase su labor por la Tierra Muerta.
El Hacedor se detuvo frente a la inmensa pila de leña. Se sentía viejo, ya cansado de aquella su labor inacabable e inacabada. El frío se había metido en sus huesos irremediablemente, cada día sus piernas acusaban más y más las leguas interminables con las que le torturaba cruelmente la Tierra Muerta. Ya llevaba mucho tiempo dándole vueltas a aquella terrible decisión. Pronto llegaría la hora de dejar el trabajo que tantos buenos momentos le había brindado y permitiría descansar sus maltrechos huesos en algún lugar, no importaba cuál. Ya estaba demasiado lejos de su amada tierra natal, y quizá no le diese tiempo a llegar a ella. Simplemente buscaría una aldea amable en la Tierra Muerta donde terminar sus días. Ya había transmitido el secreto a dos aprendices, que ahora seguían propagando el fuego por aquella tierra desolada y desgraciada. Había cumplido con creces su misión. Ya no volvería a presenciar ninguna audiencia ante el rey, ni a ocupar los escaños reservados para los venerables Hacedores. Aquello era luz de otros días, ya ajados y lejanos. Sólo quedaba el consuelo del descanso, pronto eterno.

Dejó todo su equipaje descansando contra la enorme pila de troncos. La multitud rodeó al Hacedor, con el jefe de la aldea llevando la iniciativa. Los camareros se le aproximaron para ofrecerle su servicio. Él hubiese deseado descansar hasta la siguiente jornada, pero la gente estaba impaciente, deseosa de tener su fuego. Los camareros, las tres personas encargadas de alimentar y cuidar del fuego durante el resto de sus días, esperaban sumisos y apesadumbrados la ordalía, toda la ceremonia que les conferiría el poder y la posición de cuidadores del fuego.
Como mínimo necesitaba recuperar el resuello. Se sentó sobre uno de los gruesos y retorcidos troncos para concederse un mínimo respiro. Volvió a contemplar, de forma casi inevitable, al tosco jefe de la aldea. Estaba impaciente, el fuego era la vida, era el futuro para toda aldea. Significaba riqueza y poder, significaba viajeros que se detenían en las posadas, y metales y maderas endurecidas con la llama, y comidas jugosas y calientes para templar los cuerpos y los corazones. Ésta no le inspiraba demasiada confianza, aunque era una de las aldeas más adentradas en la Tierra Muerta. Una de las extensiones más inmensas de terreno sin aldeas ni hogares, una tierra demasiado dura incluso para los animales. Las casas era de una madera gris, faltaba el color en donde quiera que posara sus ojos. Las gentes presentaban todas un mismo rostro, unos ojos levemente rasgados, unas ropas gruesas y grises, muy deterioradas. Era una aldea de sufrimiento y de dolor que ahora se aferraba desesperadamente a su única tabla de salvación y esperanza.

La costó lo indecible levantarse. Le dolían los riñones, y las piernas cuando las flexionaba, y ese frío del más allá que llevaba metido en el tuétano. Comenzó a examinar la madera con la que formaría la hoguera. Era extraña, retorcida y nudosa como en estertores de dolor antes de ser cortada. Estaba húmeda, y era de poca calidad. No era como aquella leña prieta y resinosa, aromática, que tenían en las laderas de Damográn, o como el generoso follaje de los abetos de Helade. Esta tierra impregnaba de desgracia a todos sus hijos, sin distinguir humanos o inhumanos.
Apenas si había troncos gruesos, y aun así comenzó a formar varios montones clasificando la leña según el tamaño y su combustibilidad, primero las más pequeñas, que solían prender mejor, y luego éstas prendían a las medianas, y éstas a su vez a las grandes, porque todo lo que es grande fue una vez pequeño, y lo que nació grande fue monstruoso. Sólo así el fuego nacía y vivía lo suficiente.

Cuando consideró que tenía bastante como para empezar a formar la hoguera, se dirigió a su saco de yesca y extrajo un generoso puñado. Buscó un sitio donde colocarlo. Se dirigió hacia la multitud y ésta se hizo atrás amedrentada. Colocó en el suelo la yesca, a una buena distancia del inmenso montón de leña. Aquel sería un fuego difícil, así que sacó dos piñas resinosas, guardadas siempre como recurso desesperado, traídas desde los Jardines Reales, donde a sus puertas aquel puñado de valientes logró detener a la Reina de las Nieves, gloria a los héroes de antaño, que el Hacedor Supremo los tenga en su gloria por siempre. Colocó las dos piñas sobre el montón de yesca, y comenzó a disponer cuidadosamente los palitos del montón de troncos más pequeños. Dejó una especie de abertura por donde le daría fuego, en un lateral. Luego prosiguió con palos un poco más gruesos. Los largos años de continuado culto al fuego le conferían, pese a su avanzada edad, una destreza inusual casi mágica que le había hecho ganarse un renombre entre su gente. Era todo un arte del equilibrio, aquella serie de ramas, troncos o tocones de formas aleatorias, caprichosas, que ensamblaban y encontraban su sitio para aquella hoguera, como todas las cosas en la vida tienen su razón de ser y su sitio, y a él van en su justo momento, por extraño e incomprensible que nos parezca en nuestro devenir por esta Tierra Muerta que Dios olvidó. El anciano colocó cuidadosamente los últimos troncos, más gruesos, aquellos que gestarían el fuego más intenso y perdurable.
Pese al frío que desafiaba a los presentes, el sudor perlaba el rostro del anciano. Sus manos, sus dedos callosos y despellejados, tan nudosos como las ramas que había acomodado, trabajaban rendidos ya ajustando las últimas piezas del rompecabezas que pronto ardería con llama de esperanza. La pila de leña tomaba una forma cónica, con una oquedad en su cara que conducía directamente a la yesca, donde se produciría la llama primigenia, pura y virginal que llegaría hasta desde ese momento al fondo de sus corazones, que marcaría sus vidas para siempre.

Hubo un tiempo en que se pronunciaban unas palabras, una salmodia interminable que recordaba toda la odisea que sufría la Tierra Muerta, los tiempos de la felicidad, la invasión de la pérfida Reina, los valientes que al mando de Tarin impidieron la caída del Palacio real y preservaron la semilla de las Tierras Verdes, con epopeyas grabadas con sangre y fuego sobre los hielos despiadados. La lenta reconquista por parte de los Heraldos Rojos…Poco a poco aquellas palabras se vaciaron porque nada significaban en los helados corazones, y pronto cayeron en el olvido, y todo el rito fue la simple consecución del fuego, las cuatro reglas sagradas que los camareros seguirían para conservarlo por largo tiempo en la aldea.
Extrajo de su morral un artilugio que permitía encender la yesca. Tenían varios, que se usaban según las condiciones más o menos adversas. Los joyeros pulían cristales que inflamaban aquello que tocaban, artesanos y forjadores construían máquinas sofisticadas que lanzaban rayos de sol sobre la yesca, y rumores venidos de muy lejos hablaban de magos que poseían extrañas mixturas que ardían tan sólo al contacto con el aire. Pero al hacedor le gustaba el método tradicional, que nunca fallaba si se le prestaban los cuidados necesarios. Colocó el aparato en la punta de su báculo, y se arrodilló frente a la abertura donde iniciaría el fuego. Permaneció en silencio, inmóvil, mientras mentalmente recitaba la letanía mínima de ofrenda, el rito del fuego. La multitud permanecía extasiada, con el corazón acongojado. Incluso el jefe de la aldea, posiblemente el hombre menos humano de aquella congregación, compartía aquel respeto y aquella reverencia.
Sonó una especie de chasquido dentro de las entrañas de la pira. Luego otro, y otro. El anciano tenía la cabeza casi en el mismo barro, asomado al pasadizo que mostraba el corazón del fuego. Una tímida voluta de humo ascendió del imbricado e inextricable laberinto y ascendió cansina mientras el viento jugueteaba y la desmadejaba. Un murmullo de admiración y sorpresa surgió de la multitud. El anciano se incorporó doliéndose y se retiró unos pasos. Era un humo blanquecino, denso e impenetrable, la madera estaba demasiado húmeda y pobre y tardaría un poco en prender. Estaba realmente cansado, así que cerró los ojos y extendió sus brazos en cruz, en actitud extática frente a la incipiente hoguera. Pudo oír el casi sollozo de la gente de la aldea al verlo en esa posición. Mientras tanto, con los ojos cerrados, permanecía atento al resto de sensaciones que excitaban sus sentidos: el roce del viento áspero en su piel ajada y curtida por el frío, el aroma de humo, los lamentos de las mujeres y el llanto de los niños…

Sintió que alguien lo zarandeaba. Solía quedarse en aquella especie de trance hasta que el calor de las llamas lo despertaba de su letargo, pero al parecer no había sido así. Abrió los ojos, y contempló el rostro del jefe de la alde,a desencajado por un extraña mezcla de terror e ira, señalando fuera de sí hacia la hoguera. No debía de haber transcurrido demasiado tiempo aunque, en lugar de las llamas languidecía una diminuta columna de humo. Ocurría a veces, en ocasiones como esta. El combustible estaba demasiado húmedo y era más costoso hacerlo arder. No había por qué alarmarse. El Hacedor trató de explicar al Jefe qué ocurría, pero al comenzar a hablar le miró de una forma muy extraña. Miró lentamente en derredor, tratando de escrutar el sepulcral silencio que había caído a plomo sobre la escena. El Jefe articuló unos sonidos guturales e ininteligibles, una especie de gruñido interminable. En la mente del anciano comenzó a tomar cuerpo una sospecha aterradora. Intentó farfullar algo, pero los ánimos comenzaban a encenderse, y de nuevo se vio entre los brazos de aquel hombre que no hablaba su idioma. En aquella parte de la Tierra Muerta ya no hablaban ni siquiera el mismo idioma. En vano trató de explicar que no había terminado el proceso y que el fuego llegaría tarde o temprano. El Jefe lo llevaba a empellones entre la multitud que se apartaba temerosa y enardecida, con ese indescriptible sabor a miedo que aturde a los hombres cuando acecha lo desconocido o incierto. De pronto una piedra impactó en la cabeza del anciano abriéndole una profunda brecha y derribándolo. El Jefe de la aldea se encaró al gentío tratando de calmar unos ánimos que él mismo había encendido. Mientras reprendía a una parte de la multitud, la gente que quedaba a sus espaldas asió al anciano y comenzó a arrastrarlo hacia las afueras de la aldea. Empezaron a propinarle puntapiés y toda suerte de golpes, y pronto no quedó autoridad que pudiese valer en aquel rincón donde no existía piedad.
Lo arrojaron a una zanja cercana al pueblo, y allí terminaron con su vida, y la nieve quedó manchada de rojo, con su sangre y sus ropas, y todo su equipaje esparcido por la nieve manchando aquí y allá de impotencia todo el paisaje. La gente su fue calmando, despertando de su sopor y contemplando con pánico en el fondo de su alma la macabra estampa.
Los gritos de los niños se mezclaron con bramidos de los animales, y cuando tornaron sus ojos hacia su mísera aldea contemplaron cómo enormes lenguas de fuego lamían y devoraban sus cabañas, cómo corrían despavoridos los animales macilentos huyendo de las llamas, mientras una columna de humo se elevaba majestuosa y terrible sobre sus cabezas, y la ceniza se posaba como una nieve cálida y burlona.
Fue imposible salvar nada. Como una venganza terrible, la nieve comenzó a caer lenta y suavemente al principio, ahogando los rescoldos de la aldea humeante por la que pululaban sus habitantes como almas en pena. Pronto fue una fiera tormenta que azotó los yermos llanos con una furia desconocida hasta entonces. Hacinados como borregos, tratando de darse calor unos a otros, fueron pereciendo a la intemperie, entregándose al sueño que la antecede, diluyendo el último vestigio de la aldea.

El Jefe fue uno de los últimos en cerrar los ojos, y lo último que su imaginación creyó ver fue una blanca dama que paseaba por entre la nieve con una amplia sonrisa. O al menos él creyó que era su imaginación, porque cuando el último habitante cerró los ojos, la nieve dejó de caer y la Reina de las Nieves se alejó hacia la siguiente aldea.

Cuento 1



Caminaba por la nieve, lentamente. Empezaba a preocuparse. Se estaban acercando demasiado. Sobre todo el grande, el jefe de la manada. Se perdía en su memoria cuando comenzó siendo una sombra que le perseguía. Cada vez se acercaban un poco más. Un día, en que el temporal remitió, los distinguió. Sus compañeros era una manada de lobos. Su jefe era un lobo grande, viejo. En aquel momento pensó que no le alcanzarían pero, ahora, estaban ahí . Muy cerca. Sobre todo el lobo grande.

Siguió caminando por la nieve. Sus piernecitas se hundían irremediablemente en la nieve, avanzar era terrible. Cada paso consumía más y más sus exiguas fuerzas. El viento soplaba gélido y cruel. Estaba muy cansada.
El viejo lobo estaba ya casi a su lado. Sintió miedo. Miró a su derredor pero la tormenta de nieve impedía ver más allá, no encontraba ningún lugar donde guarecerse. Tenía sus manecitas heladas, ateridas por el frío. Se las frotaba continuamente. Estaba muy cansada, tenía mucho sueño.

El lobo se colocó a su lado y caminó en silencio. Se acomodó a su paso. Ella seguía caminando trabajosamente.
-¿Cómo estás? -preguntó el lobo.
-Bien. No os molestéis en esperar. No me voy a detener. Idos- respondió el alma.
-Ya llevamos mucho tiempo siguiéndote, lo sabes.-replicó el lobo. -No nos importa seguir un poco más. Tenemos tiempo-.
Siguió caminando a su lado, en silencio. La manada comenzó a acercarse peligrosamente. El alma se alarmó, pero el viejo lobo giró la cabeza y la manada se replegó, siguió acechando a una distancia prudencial. De nuevo habló:
-Estás muy cansada. ¿Por qué no te sientas, y descansas? Duermes un rato. -se interesó el lobo.
-No debo. No debo. No puedo. No me vas a convencer-. El alma consiguió hacer avanzar la otra pierna, que se hundió profundamente en la nieve.
-¿Crees que vale la pena? ¿Sabes cuánto dura ya tu tormenta? ¿No te das cuenta? No se acaba nunca. Te han mentido. La vida te ha mentido y se burla de ti-.
-No. Simplemente soy yo. No encuentro el camino de vuelta a casa. No puedo ver luciérnagas bajo la nieve. He hablado con muchas otras almas, ellas siguen caminando, ahí, en algún lugar. Dicen que las tormentas se acaban-.
-No te han dicho toda la verdad. Cuando acaba la tormenta, sigue el frío. La nieve no se va nunca. Llevo muchos años haciendo esto. He co...he conocido muchas almas, y esto no acaba nunca. Te lo aseguro-continuó el lobo.
-Pero un alma me dijo... -
-Todos decimos muchas cosas. Las almas también se equivocan. Estás muy cansada. ¿Por que sigues? Ya no te quedan ilusiones, ya todo ha acabado. Siéntate allí, en aquel árbol, y hablamos un rato. Descansas. Luego seguiremos tu camino-.
.¿Cómo sabes que no me quedan ilusiones? -preguntó el alma. -Te voy a hacer caso. Vamos hacia aquel árbol. Es hermoso. Pero debes prometerme que no me harás daño-.
-No tengas miedo. No sentirás nada-.
-¿Cómo sabes que no me quedan ilusiones? -volvió a preguntar el alma.
-Llevamos mucho tiempo siguiéndote. Te hemos visto cambiar. Los lobos tenemos un olfato especial para descubrir las ilusiones rotas. Tú dejabas un rastro nítido. Así te descubrimos. Contamos las ilusiones que deja cada alma, llevamos estadísticas. Nos permiten predecir cuándo... -el lobo titubeó-el alma está vacía, sin fuerzas-.
-¿Y han sido muchas? ¿Habéis encontrado muchas ilusiones mías? -
-Sí-
-¿Eran bonitas? -
-Muy bonitas. Te lo aseguro. Valieron la pena-.
-No las recuerdo. He roto muchas ilusiones en esta vida- se lamentó el alma.
-Las ilusiones se suelen romper. El tiempo es su enemigo. He visto las tuyas. Yo fui quién descubrió tu rastro. Eran muy bellas. Tanto que me interesé por ti. Te conozco gracias a tus ilusiones. Eras una buena alma-.
-Dime, lobo -el alma se recostó contra el grueso árbol seco y se acurrucó. Se abrazó las rodillitas,-¿por qué se rompieron todas esas ilusiones? ¿Fui yo? -
-Fue la vida. Las ilusiones se rompen. A veces las rompemos nosotros, la mayoría de veces lo hace la vida. Es así. No tiene por qué ocurrir, pero la verdad es que ocurre. Eso las hace bellas. Las ilusiones más bellas son siempre aquellas que se rompieron. No te culpes por ello-.
-Ya no recuerdo nada. Estoy vacía- se lamentó el alma, cerrando lentamente sus ojillos llorosos.-Tengo mucho sueño. Lobo, ¿te quedarás a mi lado? -
-Sí, alma -.
-¿Me vais a comer? -
-No hagas ese tipo de preguntas. No suelen tener respuestas agradables-.
-Responde, lobo-.
-No te comeremos, mientras estés viva-.
-Gracias. ¿Por qué estoy viva, lobo? Ten paciencia conmigo. Soy tu presa-.
-No sé por que estás viva. Según las estadísticas, hace mucho que debías haber...caído. Seguiste mucho tiempo caminando. Me costó mantener a la manada tras de ti. Cundía la desesperación. Creo que te queda una ilusión. Puedes dármela tú misma. Todo será más fácil-. El lobo se acercó mucho más. El hocico húmedo, frío como la muerte, rozó su rostro.
-Atrás, lobo. Ten paciencia, ya te lo dije. Soy tu presa, pero espera. No encuentro la ilusión, por más que rebusco en mis bolsillos. Ya no quedan ilusiones, lobo. Te equivocas-.Seguía con los ojillos cerrados.
-Puedo equivocarme sumando o restando, pero no en esto. Lo he hecho durante toda mi vida-.
-Eso no significa nada. Puedes equivocarte ahora-.
-Sí, pero no estoy equivocado. Te queda una, muy bella. La última. La que más duele-.
-Ya no queda ninguna-. Movió la cabeza, pero no abrió los ojos. - Esa, esa sí la recuerdo. Se rompió. Recuerdo cuando se rompió. Sí, fue muy bonita -.
-Debe de serlo, porque aún la llevas ahí. Se reconoce la ultima ilusión de un alma cuando muere. Hiede -.
-Lobo-. El alma le tomó la pata. -¿Ha salido el sol, verdad? Noto sus rayos en mi rostro. Todo ha terminado, ¿verdad? -
El lobo agachó la cabeza para cubrirse de los remolinos de la nieve.
-Sí. No abras los ojos. El sol podría herírtelos -.
El alma comenzó a soñar con un mago y una varita rota y un rosario de luciérnagas en la oscuridad. Y se quería dormir, pero unas palabras lo aferraban con sus manecitas y sus uñitas y le retenían de pasar a la tierra de las tinieblas. No abras los ojos. El sol podría herírtelos.
Al final el alma abrió los ojos. La manada no estaba, el lobo se había alejado. La tormenta de nieve seguía tan fiera como antes.
-Lobo, ¿te vas?
-Sí-
-¿Por qué?-
-Me he equivocado -.
-He visto mi ilusión. Está viva. Está muy rota, la he maltratado mucho, pero está ahí. Debo cuidarla -.
-Lo sé. Yo también la he visto-.
-Lobo-
-¿Sí? -
-¿Volveremos a vernos? -
-No lo dudes. Es mi trabajo. Siempre estoy ahí. Soy tan viejo como el tiempo. Volveremos a vernos -.
-Gracias, lobo-.
-De nada. Tengo paciencia. Si algo me sobra es tiempo. Abrígate por las noches, alma-.
-Sí-
-Tu tormenta seguirá mucho, mucho tiempo. Pero verás es sol. Un día saldrá el sol. Ese día acuérdate de mí-.
-Sí, lobo. Lo haré-.
-Adiós, alma. Me ha encantado conocerte-.
-Adiós, lobo. A mí también-.
-Hasta la vista-.
-Adiós-.
El lobo se perdió en la ventisca. El alma se levantó. Brillaba una lucecita tenue en la corteza, en el tronco de árbol seco. Era una luciernaga. Sintió lástima. La cogió suavemente y se la echó al pecho. Comenzó a andar.

20 de abril

Así empezaba la canción de los Celtas Cortos, 20 de abril del 90. Has pasado 15 años desde entonces, desde esa fecha...
¿Dónde estábamos entonces? ¿Dónde estaremos dentros de 10, 15 años? De eso hablaba la canción, de eso hablan todos los afanes del ser humano.

Por mi parte, yo estaba en 4º de físicas, terminando mi carrera, preguntándome por lo equivocada de mi vocación, de mi elección. Aun así, eran buenos tiempos. Mejores que estos tiempos inciertos en los que nos toca vivir.

Un saludo para los celtas.

20 de abril del 90
Hola chata, ¿cómo estás?
¿te sorprende que te escriba?
tanto tiempo es normal.
pues es que estaba aquí solo
me había puesto a recordar
me entró la melancolía
y te tenía que hablar

(Estribillo)
¿recuerdas aquella noche en la cabaña de Turmo?
las risas que nos hacíamos antes todos juntos
hoy no queda casi nadie de los de antes
y los que hay han cambiado, han cambiado...síii!

pero bueno ¿tú qué tal? ...di
lo mismo hasta tienes críos
¿qué tal te va con el tío ese?
espero sea divertido
yo la verdad como siempre
sigo currando en lo mismo
la música no me cansa
pero me encuentro vacío

(Estribillo)
¿recuerdas aquella noche en la cabaña de Turmo?
las risas que nos hacíamos antes todos juntos
hoy no queda casi nadie de los de antes
y los que hay han cambiado, han cambiado...uh!

bueno pues ya me despido
si te mola me contestas
espero que mis palabras
desordenen tu conciencia
pues nada chica, lo dicho
hasta pronto si nos vemos
yo sigo con mis canciones
y tú sigue con tus sueños

(Estribillo)
¿recuerdas aquella noche en la cabaña de Turmo?
las risas que nos hacíamos antes todos juntos
hoy no queda casi nadie de los de antes
y los que hay han cambiado, han cambiado...síii!

Seguimos respirando.

Por eso, y sólo por eso, sé que todavía estoy vivo...

martes, 19 de abril de 2005

Iniquidad (2, el primero lo perdí)

Al final no llegué a comentarlo como prometí, aunque en mi descargo debo reconocer...
...que la semana pasada fue dura.
Si me seguís, sabéis que fui víctima de defección por parte de esta UV en la que trabajo y a la que le devolveré los favores que me hizo punto por punto, religiosamente. Creo que esa defección fue, simplemente, iniquidad, no tratar por igual a todo el mundo, que a fin de cuentas es lo que significa.

No hay que confundirla con la injusticia. La injusticia da a todo el mundo menos de lo que se merece; la iniquidad da a unos lo que se merecen, a otros menos y, a otros, más.

Como sistemas sociales, considero que la injusticia es más propia de las dictaduras, en las que una minoría sojuzga a la mayoría. Pero esa minoría es consciente de su debilidad global, es consciente de que su poder es coyuntural, y depende de lo cohesionada que esté la oligarquía dominante. Por eso resisten, se ayudan entre ellos, no les queda más remedio que ser una piña, a las duras y a las maduras.

La iniquidad es más social, menos refinada. Es el puro amiguismo, y lo vemos patente en los regímenes democráticos corruptos, como España, o la UV.

Se advierte que en la política las prácticas cainitas, caníbales, traidoras y defeccionantes (¿?) están siempre en la palestra. La iniquidad se practica con los amigos o conocidos, pero la amistad en estos tiempos es una mercancía con poco valor. Por tanto, el que favorece la iniquidad está labrando su propia tumba a manos de los beneficiados (aunque los perjudicados tienen ganas de desmembrarlo (a)levemente). No es necesaria la cohesión para sobrevivir, es la ley de la jungla que tanto impera en la política. Hoy por ti, mañana te jodo.

En donde yo trabajo, universidad democrática y progresista de pro, se practican desde antaño esas prácticas inicuas, y la caída se va adivinando, lenta, invisible sólo a quien no quiere ver. La otra universidad, la aquí inombrable UPV, funciona como una dictadura. Pero funciona.

Y a veces uno, principios aparte, lo que necesita es llegar a fin de mes, con injusticia o iniquidad, la que más pague.

lunes, 18 de abril de 2005

Cada día cuenta todo más

Ya no escribo nada...

jueves, 14 de abril de 2005

Dedicado a la UV

"Quien promueve la iniquidad está condenado al más doloroso fracaso"
La frase es mía (al menos hasta donde sé), y la explicaré mañana si tengo tiempo. Reflexionad sobre esto, corazones.

miércoles, 13 de abril de 2005

Espíritu crítico

Lo he perdido. Definitivamente. Y eso me preocupa.
No sé por qué será, pero últimamente voy aceptando todo como viene...
...Será algo de la vida, o hacerse viejo. O que te dan tantos palos en el cuerpo y en el alma que haces a todo y echas a anadar hacia adelante como el triste pollino.
Me preocupa, porque yo quería presumir (y a veces lo hacía) de ser un científico. Pero, ¿A dónde va un científico que no tiene espíritu crítico, que acepta todo tal y como es?
Mal asunto. Seguiremos informando, pero esto es cada vez más triste. Ahora sí, la tristeza es de fondo, que es la peor.

martes, 12 de abril de 2005

Estoy enfermo

De verdad. De todas las semanas que tenía para caer, me pasa en ésta, que es de las más duras. Tego el virus de la gripe, del estómago, me duele todo...

lunes, 11 de abril de 2005

Lunes

Aquí estoy, agotado hasta el tuétano de mis clases matutinas. Empieza mi vía crucis, aunque me lo merezco, ya...
...que me he pasado un primer cuatrimestre de lo más tranquilo. tengo la mente embotada y apenas si puedo caminar con fluidez. Mañana, espero, será otro día.

Gracias, amigos.

miércoles, 6 de abril de 2005

Anoché soñé, bendita ilusión...

...que una fontana fluía dentro de mi corazón.

Anoche cerré los ojos, tras leer un poco...
...de ciencia y otro poco de literatura. Y comencé a soñar. Me retrotraje 20 años atrás, 20 años después como los tres mosqueteros. Y comenzaron a asaltarme los recuerdos fieros y torvos, me atravesaban una y otra vez y me inundaban de desasosiego, de tristeza. De esa infinita tristeza que no cabe en lugar alguno, ni en la mente ni en el alma. Y al final, ebrio de dolor, desperté y tuve, conscientemente, que ponerme a soñar despierto en mis paraísos imaginados, inalcanzados e inalcanzables, para que remitiera el dolor, y restañar las heridas con sueños prefabricados, insulsos pero indoloros.

Considero que mi infancia fue muy triste, muy infeliz. He visto cosas que vosotros no crreríais. Naves de guerra ardiendo cerca de orión, rayos C resplancendiendo cerca de la puerta de Tanhausen. ¿Todo ello se perderá como lágrimas en la lluvia...?

Hay mucho de propia en culpa en los reveses del destino.

Post Scriptum: Demasiado peso en la mochila. Fue Porthos quien murió en "El vizconde de Bragelonne"

martes, 5 de abril de 2005

Cuerpo y alma

Terminan las vacaciones. Es triste. No es triste que terminen, lo triste es que yo poquísimas veces en esta vida tengo vacaciones...
...Puedo pasarme días sin ir a trabajar, pero yo jamás estoy de vacaciones porque mi mente no descansa. A veces, ni siquiera mi cuerpo. Por eso, yo, ser antisocial y misántropo, jamás descanso porque mi alma no encuentra la paz.

Para ello suelo necesitar soledad, espacios abiertos y tiempo que ir desgranando, malgastando, caminando lentamente hacia una fuente. Esta vida en sociedad me niega estos lujos. Y, aunque no os lo creáis, llevo casi 36 años que mi mente no descansa, que no encuentro sosiego ni paz. ¿Difícil de creer? Necesito salirme de las convenciones sociales y ser un lobo por una temporada.

Al menos en estas vacaciones mi cuerpo ha descansado algo.

Ya hemos vuelto. De nuevo en la brecha. Ahí vamos...

miércoles, 23 de marzo de 2005

Vacaciones

Me despido de vosotros, probablemente hasta el 5 de abril. Sed todo lo malos que podáis. Al final, es de lo poco que queda.

martes, 22 de marzo de 2005

-¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir?

-¿Qué?

-¿Te acuerdas de esa canción que dice, "Si un cuerpo coge a otro cuerpo, cuando van entre el centeno"? Me gustaría

-Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno" -dijo Phoebe- . Y es un poema. Un poema de Robert Burns.

-Ya sé que es un poema de Robert Burns. Tenía razón. Es "Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo, cuando van entre el centeno", pero entonces no lo recordaba.

-Creía que era, "Si un cuerpo coge a otro cuerpo" -le dije- , pero, verás. Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo esté donde esté y los cojo. Eso el lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

J. D. Salinger. "El guardián entre el centeno".


Esto no va bien

No soy yo uno de esos beatos o meapilas que se encargan de denostar a aquellos que no guardan la moral y la ética como Dios manda. Pero de ahí a prohibir las expresiones religiosas, va un trecho...
...Y me preocupa, porque es una actitud tan radical como el racismo, o el nazismo, o la política. Porque, realmente, atenta contra la libertad. A mí no me gusta que cierta gente tenga como opio particular el salir por ahí a adorar a un santo de madera. Pero son libres de hacerlo, creo que cada uno es libre de hacer lo que le apetezca mientras no pejudique a los demás, nos guste o no. Porque a mí no me gustan las manifestaciones, de ningún tipo, ni los eventos deportivos, ni los mítines políticos. Ni siquiera los políticos. Pero sé, soy consciente de que no puedo prohibirlos, porque atentaría contra su libertad. No me gusta la religión, pero defiendo a quien quiera practicarla que pueda hacerlo públicamente, y que la ley lo respete, y defienda esa libertad. Por no hablar de la tradición, la historia y otros aspectos más del acervo popular, que sólo por ello valdría la pena mantener.
No, creo que el PSOE está metiendo la pata, y confunde progresismo con imponer a todo el mundo su unformidad de pensar. Casi como hizo Ansar.
No, esto no va bien.

lunes, 21 de marzo de 2005

La masa pegajosa que se proclama mundo

Hoy soy un poco feliz (o menos infeliz, según se mire), y me es más difícil escribir. Aunque siempre hay gente que te ayuda a hacerlo. Hoy le toca el turno a los ayudantes...
..., tengo uno o varios posts en los que presento este tema. A finales del 2001 la LOU cayó como una apisonadora sobre la universidad pública española. En esta universidad, ruin y mezquina, menguada y cobarde, no hicieron lo que se hizo en el 95% de las universidades españolas. Nos dejaron a los pies de los caballos. Lo peor de todo es que era de esperar, y yo lo sabía. Pese a ello, se hizo una plataforma de ayudantes para defender nuestros intereses que acabo no defendiendo a nadie. Sólo se salvaron los enchufados, como el 3% manda. Se veía venir, y todavía había adalides de la libertad preparando sus estrategias, sus conversaciones, sus defensas...Nadie hizo nada por nosotros, ni siquiera nosotros mismos. Mucho hablar y no hacer nada, como buen político que se precie. Si queréis, os lo cuento delante de un café. Así que todo se fue al garete y de nuevo la fiel infantería se quedó allí, a aguantar el chaparrón. Si se hubiese hecho de otra forma, no estaríamos peor. Os lo aseguro.

En esa tesitura me encontraba, tras ver la cortedad y la inutilidad de todos los que estaban en mi mismo barco; huí del mundanal ruido, y pasé por las típicas fases de rabia y dolor y odio en primer lugar, resignación en segundo lugar y soledad y lucha en tercera y actual. Llegué por mí mismo a la conclusión que un antisocial y misántropo como yo no tiene por qué relacionarse, y que lo mejor es luchar en soledad, porque al final, en esta puta vida, uno no tiene lo que es justo o lo que le dan, sino única y exclusivamente lo que él se gana.
Así que ahí estoy yo, haciendo la guerra por mi cuenta. No espero que nadie ni nada venga a salvarme. Yo llevo a cabo mi propia y escasa labor salvadora.
Ahora los ayudantes, los pocos que quedan, se escandalizan de la precaria situación en la que estamos, y le piden al rector justicia. Lo mismo que se le pidió hace 4 años. Y contesta, el muy necio, lo mismo que contestó entonces: Claro que sí. ¿La quieres verde? Ay, eso era la esperanza, ¿no?

No esperes mañana lo que no te dio ayer. Nos van a volver a vender. Pero ahora no voy a perder mi tiempo bregando con estúpidos en ambos bandos. Estoy solo, lo estoy desde que nací y así lo estaré en toda mi vida. Y, asustáos, lo estamos todos. Y hasta que uno no toma conciencia de esa fría, descarnada y despiadada soledad, hasta que uno no asume su fragilidad y su debilidad, no está en condiciones de salir a pelear con esa horda de lobos, políticos y rectores, no está en condiciones de ayudar a nada ni a nadie.

¡Feliz día de la marmota!

Tras unos días de vacaciones, el descanso físico ha hecho su efecto y estoy ligeramente animado, como el tiempo...
...De todas formas, la vuelta a la realidad volverá a despertar a esos viejos, queridos y acostumbrados fantasmas. Volvemos a la lucha.

martes, 15 de marzo de 2005

Sin novedad en el frente

Seguimos tan enfangados como siempre, pero vivos, que al final es lo único que queda. Después de todos los nervios y mala leche, uno acaba enterándose de cosas, aparte de sobrevivir, que es lo que cuenta...
Y es que resulta que esa famosa inspección de Hacienda que me quitó el sueño y las tijeras se debe exclusivamente a que mi ínclita Universidad demandó al Ministerio de Ciencia y Tecnología por un "quítame allá esas pajas" y el ministerio decidió, como contrapartida, revisar minuciosamente algún que otro proyecto. Así que me comí mi parte del marrón un poco de baldes. Es lo tiene trabajar aquí, a pecho descubierto. Al final el "Hombre de Hacienda" fue más que amable conmigo, comprobó que el material estaba, se despidió de mí y se dedicó tranquilamente a devorar a los de contabilidad, que es su función. Las bombas han pasado por encima de mi trinchera y han caído tres posiciones más atrás, en retaguardia. Son de los míos (teóricamente), pero mejor ellos que yo.

Aún así, aún después de haberme preparado para lo peor y salir por la puerta falsa sin cornada, me asusta lo fácil que es verte envuelto en medio de una pelea de bandos rivales, y tú en medio, capeando el temporal, esquivando las balas y muriendo sin haber tomado nada en esa fiesta. He tenido suerte, pero ¿cuántos hay que caen por culpa de otros?

Siempre lo paga pocarropa. Aún tiene que llegar el día que vea yo escarnecer públicamente a titulares y catedráticos de esos del 3%. Que haberlos, haylos.

Gracias a todos. Voy a limpiar mi trinchera.

lunes, 14 de marzo de 2005

Horas bajas

Estoy con la moral bajo mínimos. Por primera vez en mucho tiempo (11 años ya), estoy arrastrándome por pura inercia esperando que, de una vez por todas, algo salga bien.

Profesionalmente, mañana viene un inspector de Hacienda a revisar un proyecto que dirigí hace 3 años. Tengo la conciencia tranquila, pero no hay nacido de madre al que no le tiemblen las rodillas cuando el fisco te busca las cosquillas. Y, si se lo proponen, te las encuentran. No hay nada que temer, pero una mezcla de rabia y miedo exuda por mis poros. También hace 5 años que perdí el norte. No encuentro tema estable para investigar, y no hay por donde coger esta situación tan incierta e injusta. Voy a la deriva, descentrado y desmotivado Por último en este apartado a, con el sueldo de esta mezquina universidad no llego a fin de mes. No el sueldo de funcionario, sino el de esos contratos basura que me vienen haciendo desde 1995, trabajando a mitad de precio y sin continuidad.

En el plano profesional número 2, que trataba de aportar fondos e ilusión al plano número 1, las cosas no pintan mejor. Mi primera empresa, la radio, que aunque económicamente rentable, todo ha salido putapénicamente por culpa del egoísmo de uno y la falta de dotes sociales del otro. Yo esperaba venderla este fin de semana y acabar con una pesadilla y algo de dinero en el bolsillo; pero al final voy a acabar con otro socio más, sin ver un duro y en la tesitura de ponerme otra vez a las riendas del jamelgo si quiero que ande. Esperaba descansar y me veo peleando otra vez. Suerte que mis trincheras están homologadas. En la empresa nueva, cien mil cosas se siguen confabulando para que todo se demore y la ilusión se mine y no mine y no salga nada adelante. Todo es esperar.

En el plano familiar todo va bien. Hay una pequeña guerra callejera de baja intensidad que duele en horas como esta. Hay errores y decepciones pero se llevan con dignidad.

Y en el plano personal… Hay un tipo llamado Johnny Warrior, que soporta con entereza y estoicismo ejemplares las puñaldas cainitas que le da la vida. Afirma que las personas normales tienen tres vidas: la profesional, la familiar y la personal. La personal es la que dedicamos cada uno a ocuparnos de nosotros mismo, en soledad. No se puede quitar demasiado tiempo a ninguna de las tres para dárselo a las otras. Se necesita un equilibrio, y si se rompe todo acaba por venirse abajo. Pues mi plano personal está muerto. Con los antecedentes presentados, la tranquilidad de espíritu y paz interior es un concepto que hace tiempo que olvidé. No leo cuanto deseo, ni paseo por my mist covered mountains, ni uso el Land Rover, ni tengo soledad suficiente para conjurar mis fantasmas y mis sueños y mis desilusiones, y etiquetarlas y almacenarlas para que no molesten, para que no duelan. No andan bien las cosas.

Y asociado en sociedad con tales socios, se pueden imaginar…

viernes, 11 de marzo de 2005

11-M

Lo que viene a continuación es duro. Simplemente poque no es políticamente correcto, pero por ello no creo que deje de ser verdad.
Hoy se cumple un año de los atentados de Madrid. Soy misántropo hasta la médula, y he visto cosas que vosotros no creeríais. Comer pan de muchos hornos es lo que tiene, en estos tiempos de mear colonia y cogérsela con papel de fumar.
He visto a la gente, solidaria y aún conmocionada, manifestarse pública y notoriamente. He visto a los políticos, nacionales e internacionales, flagelarse y comprometerse para luchar contra el terrorismo. He visto velas y oído campanas y sentido minutos de silencio y olido flores y leído panegíricos lacrimales acerca del mal, el bien, la justicia y la ley.
Todo me da arcadas. Porque el dolor es una cosa, y toda esta pantomima es otra.
Primero, los políticos y gobernantes. Diciendo que hay que luchar contra el terrorismo, y apoyar a las víctimas, e integrar todas las culturas en un marco de amor y paz. No es que apoye el terrorismo, pero lo comprendo. Porque cuando los países ricos, civilizados, cultos y solidarios deciden que tal o cual país del tercer mundo debe ser "reajustado" para garantizar el abastecimiento de la opulencia, se está favoreciendo la iniquidad, la injusticia, la lucha. Esa gente no tiene nada que perder, lo ha perdido todo no por el azar o la catástrofe, sino por un primer mundo egoísta, injusto, inicuo, cruel, solidario sólo de boquilla, que aguanta su tren de vida a costa de lo que sea. Mientras los gobiernos no atajen eso (algo imposible), no dejará de haber terrorismo. Mientras haya injusticia y gente que pierde a sus seres queridos y bienes para que otros mantengamos nuestro statu quo, siempre habrá alguien dispuesto a volarnos los huevos de la manera más dolorosa. Y en cierto modo, algo de razón no le falta. Que la vida es dura y mala puta, y no la telenovela descafeinada que nos están vendiendo.
Luego el populacho. Solidario hasta la médula, con las pancartas, velas y manos blancas, saliendo a tapar la calle. Mucha solidaridad de salón, pero luego todos volvemos a casa, y seguimos soportando a gobiernos que favorecen la injusticia, no sólo con los de fuera, sino hasta con nuestros paisanos. Todo se nos olvida, todo es accesorio, y volvemos a nuestro mundo artificial y perfecto, deseando que el estado nos proteja, nos indemnice por el pedrisco o el tsunami o el ataque de los pavos asesinos, y que vengan los inmigrantes a limpiar nuestra mierda, pero que no molesten...Somos unos hipócritas mayúsculos, pero acallamos la conciencia con escenitas estereotipadas, muy americans del mundo libre y demás. ¿Tiene que haber mierda? Pues que la haya, pero no en el campo de detrás de mi casa.

Así que a mí me la suda toda esta movilización social. Porque no sirve absolutamente para nada. Porque el dolor de verdad va por dentro y el movimiento se demuestra andando, no encendiendo mecheros y entonando "Al vent".
Y ahí, hay todo un cuerpo de infantería veterano en estas lides. Ya los conocen: la gente del alambre.

miércoles, 9 de marzo de 2005

Laertes

Estos días me veo azotado por problemas profesionales. Puede que hasta incluso sean graves, así que me quitan el sueño...
...y el tiempo, y maldigo a diestra y siniestra. Quizá por eso se haya agrisado aún más mi carácter, y haya hecho, con razón, propósito de enmienda.
He aprendido, he aprehendido que no puede cuestionarse uno mismo su propia realidad, su propia naturaleza. La lucha consigo mismo es, como diría Perogrullo, suicida, o fratricida. He aprendido a comprenderme como soy, casi aceptarme, y a tratar de cambiar la forma sin que afecte al fondo.

Así que ayer estuve haciendo examen de conciencia, apuntando en tres columnas mis defectos, mis virtudes y los problemas graves del etorno laboral que me rodea. Obviamente, hay que cambiar, pero la pereza y la indolencia hacen que nos acomodemos, que me acomode en cualquier situación, por peligrosa que ésta sea.
Hay que dar un golpe de timón. Aunque duela. Aunque me hunda. Hay que cambiarlo todo para que todo siga igual.
Como veis, tengo problemas...

martes, 8 de marzo de 2005

Necesito que algo salga bien

Además, con carácter de urgencia. Esta travesía...
...en el desierto está durando ya demasiado. Noto como me fallan las fuerzas, cada vez más menguadas. Hasta lo que en un tiempo parecieron aciertos se tornan hoy en errores garrafales, en muertos mañ enterrados que salen de vez en cuando a cobrarse sus diezmos.
No sé lo que les parece desde fuera, pero para mí esto tiene un regusto amargo a derrota. Uno empieza a preguntarse si tanta mala suerte es posible, o plausible; si estoy achacando esto a la voluble Fortuna cuando en realidad soy yo el único culpable de esta debacle. Algo habré hecho mal. Empiezo a plantearme si estoy equivocado de cabo a rabo, si llevo 18 largos años cominando en la dirección equivocada, y el camino se ha acabado y yo sigo ciego en mi terco empeño. Quizá sea eso. O quizá sea la prueba del conquistador, o morir de sed a la vista de las palmeras.

Por eso digo que necesito que algo salga bien, que algo confirme que este camino no es peor que ningún otro. Necesito esa señal para seguir caminando, no una señal divina ni de fe, sino una señal de que no todo lo hago mal.

Me faltan las fuerzas, y esta vez estoy muy muy cansado. Más que nunca.

lunes, 7 de marzo de 2005

Gabinete de crisis

Al parecer, va a haber que leer una vez más "El señor de los Anillos" para levantar la moral.

Cómo cambian los tiempos

Pues sí. O cómo cambian los tiempos a las personas. Tantas horas de vuelo, tantos sueños, tantas determinaciones, que luego, cuando el tiempo y los acontecimientos las han batido como las olas del mar hace con las playas, las miras detenidamente, siendo sólo espectros de lo que un día fueron. Piensas que ya nada vale la pena. Que no estas dispuesto a abandonar, pero que, si hubiera que hacerlo, no sería deshonra ni desdoro ni rendición, que sólo se pierden aquellas guerras en las que se abandona...

Algo que hace ya 8 años que no hago pasa por mi mente. Soltar lastre, llevamos mucho tiempo sin ascender, así que una solución será soltar lastre. Otra, meditar acerca de todo y ver que hay algo que está mal en mí.

En fin, eso, que hoy he empezado un poco a rendirme. Veremos lo que trae el nuevo día.

jueves, 3 de marzo de 2005

Egoísmo

Creo que es uno de los defectos que menos tolero. Puedo soportar la envidia, adoro la lujuria, tolero peor que mejor la soberbia. Pero odio a muerte el egoísmo.

Y si el egoísta es corto y mal plegado, saca lo peor de mí.

Por ejemplo. Mi actual socio, aunque espero que por poco tiempo, Jesús Martín... Es una persona cuya cortedad de miras es proverbial. Aparte de ello, el esfuerzo y él están reñidos a muerte y se huyen como ángeles y demonios. Y aún sabiendo esto, aunque varias personas de confianza me predijeron esto, aún así confié en él. Nunca creí que nadie, trabajando para sí mismo, fuera capaz de traicionarse.

Pero no conté con su desmesurado egoísmo, su descomunal pereza y su inexistente amplitud de miras. Así que me harté de mantener a flote el barco y lo dejé a él al frente, Me bajé del burro.

Lo mío es triste. Tuve una idea, la fragüé en soledad, la estructuré, me ayudó a ponerla en marcha, a arrancar un 5% de lo que yo tenía en mente. Yo lo había concebido todo y ahora, un vago, egoísta e inútil decía que su futuro era vivir de mi idea sin trabajar, y que por él ya estaba todo dicho. Y encima se lo doy todo.

Desde entonces, 1 de noviembre de 2004, no he aparecido por allí. Ha acabado el año y el administrador de mi empresa no me ha comunicado absolutamente nada de lo que ha hecho en esos 4 meses, no ha habido junta de accionistas, no sé lo que ha hecho ni deshecho con total impunidad y ninguna vergüenza sin contar conmigo. Egoísmo concentrado.

Hoy he tenido que ir al estudio a dejarle la correspondencia y las escrituras de la empresa. Se me ha caído el alma a los pies. He visto vertederos con más dignidad que ese piso. La basura se amontona por doquier, falta material que compramos, ha aparecido material nuevo del cual yo dudo de su utilidad o conveniencia, se ha subido el sueldo sin decir nada a nadie a 900 euros… Simplemente se ha confirmado las peores de mis sospechas, aparte de los detalles que la gente me va contando por ahí, que el mundo es un pañuelo y la gente es viperina y les gusta la comidilla.

He alcanzado el techo. Casus belli. Acabo de decidir que en esta historia hubo, hay un listo y un imbécil. Así que cuidado con los compañeros de viaje. Cuando una persona es inútil y perezosa y egoísta venderá hasta a su alma. Espero que tenga exactamente lo que se merece. Voy a encargarme personal y enconadamente de ello.

Delenda est Carthago

miércoles, 2 de marzo de 2005

"Puedes huir de aquello que corre detrás de ti, pero no puedes huir de lo que corre dentro de ti." Antiguo provervio ruandés.

Big Fish

Ayer hurté algo de tiempo a otras tareas y vi esta película. Muy de Tim Burton, muy del Rafa que existió hace tiempo.
Es todo un canto a la fe, a la esperanza, al corazón ligero y alegre. Es una película preciosa. Me recordó que la vida, en muchos aspectos puta y perra como la meretriz de Babilonia, puede ser bella y maravillosa y rica. Que, viejo y manido aforismo, la vida es del color con el cristal con que se mira. Que tener fe, ilusión, esperanza, es una garantía impepinable para pasar de manera aceptable la mala noche en la mala posada.
Y no digo que esa teoría sea errónea, que creo sinceramente que no lo es. Lo que pasa es que la vida es bella y es puta, y no necesariamente a partes iguales. Y que, cuando uno lleva ya tiempo recogiendo los pedazos de la esperanza y la alegría, recomponiendo ese remedo de felicidad como único, solitario escudo, y volviendo a recoger los pedazos como Sísifo, es difícil no echar el agua por la última tabla, mandarlo todo a freír espárragos y ponerse la armadura más espantosa para pelear. Con un par.
Y por desgracia, simplemente por estar ahí, los años pasan y las esperanzas, que hay quien dice que son verdes, se van rompiendo y se van acabando, y la alegría no trae el pan a la casa del pobre. Al final coges lo poco que te queda, porque esperanza siempre queda la mínima, la guardas en un pozo en lo más hondo de tu castillo y sales a pelear, sin candongas, alharacas ni flores en el pelo.
Admiro, envidio a esa gente con esperanza, ya sean cristianos, soñadores o tontos del pueblo. Pero yo, con tantas heridas en el costado, con el casco tan maltrecho y desarbolado y remendado, pido permiso a vuesas mercedes para pelear a cara de perro, que otra cosa ya no śe hacer.
A Dios vais.

martes, 1 de marzo de 2005

3%

No tienen vergüenza. Ni la tienen ni la han conocido en su puta vida. Son unos hijos de la gran puta. Me refiero, como no, a los políticos.
A esos que ahora se rasgan las vestiduras y, apelando al honor, la honradez y la decencia, están armando la de Dios es Cristo.
A estas alturas no les cree nadie. Toda España sabe que decir político es decir corrupción, deshonor, comisiones, vivir a cuerpo de rey, con Audi oficial, dietas y demás prebendas costeadas por la vieja piel de tambor, humilde, esforzada y pobre. Y oiga, somos tan lerdos que lo aceptamos. Aceptamos que en la política de este país medre la escoria humana, y que hagan y deshagan a su antojo, y roben a manos llenas. Lo sabemos todos, hasta el más inocente infante. Quizá lo sabemos porque nosotros haríamos lo mismo, vaya usted a saber.
A mí no me importa que me tomen el pelo, pero me molesta que crean que soy tonto. Así que, ahora, señores políticos, no me vengan con que han ofendido su honor al acusarles de cobrar comisiones. Ustedes no tienen honor; si un político lo tuvo en su día, lo perdió o lo echaron, porque en la cesta de manzanas podridas no queda una sana, es ley de vida. Así que callen y sigan robando, que para eso entraron ahí. Pero no se las den de prohombres, que eso ya no cuela.

La culpa la tenemos nosotros. Seguimos permitiendo que la política en este país sea una casa de putas de dimensiones bíblicas. Permitimos que la morralla de este país detente el poder. Nos da igual, han de robar unos u otros, así que dejemos la cosa como está. No me parece bien, pero es una forma de sobrevivir, tan digna como otra. Mucho más digna que la de ser político de carrera.
Yo no he votado en mi vida. No acepto este sistema, al menos no con esos candidatos. Pero sé que no tiene solución. Tomás de Lampedusa, en su Gatopardo, acusaba a los revolucionarios: "Queréis cambiarlo todo para que nada cambie, para que todo siga como está" Arrojaríamos a unos políticos corruptos para poner a otros iguales en su lugar.
Me gustaría ponerlos a prueba. En unas elecciones generales, que votara sólo el famoso 3% de la población, léase políticos y familiares. Verían ustedes como clamarían al cielo pero ninguno se bajaría del burro, ninguno reconocería que "algo habremos hecho mal"; si no, vean a Gallardón. Seguirían chupando, porque al fin y al cabo es lo que quieren.
Nos estamos argentinizando, querido Flint, así que empezad a almacenar armas y comida, que el día menos pensado acabamos como en Irak. Y yo ya tengo varios objetivos en mente, varias deudas que cobrarme a sangre y fuego, con la mayor sevicia de que sea capaz. Por mis muertos. Que a mí la solidaridad y la civilización me la trae al fresco.
PD.: Todo esto ha sido por leer al comedido Serafín. Yo no me bajo del tren: lo hago descarrilar.