martes, 15 de marzo de 2005

Sin novedad en el frente

Seguimos tan enfangados como siempre, pero vivos, que al final es lo único que queda. Después de todos los nervios y mala leche, uno acaba enterándose de cosas, aparte de sobrevivir, que es lo que cuenta...
Y es que resulta que esa famosa inspección de Hacienda que me quitó el sueño y las tijeras se debe exclusivamente a que mi ínclita Universidad demandó al Ministerio de Ciencia y Tecnología por un "quítame allá esas pajas" y el ministerio decidió, como contrapartida, revisar minuciosamente algún que otro proyecto. Así que me comí mi parte del marrón un poco de baldes. Es lo tiene trabajar aquí, a pecho descubierto. Al final el "Hombre de Hacienda" fue más que amable conmigo, comprobó que el material estaba, se despidió de mí y se dedicó tranquilamente a devorar a los de contabilidad, que es su función. Las bombas han pasado por encima de mi trinchera y han caído tres posiciones más atrás, en retaguardia. Son de los míos (teóricamente), pero mejor ellos que yo.

Aún así, aún después de haberme preparado para lo peor y salir por la puerta falsa sin cornada, me asusta lo fácil que es verte envuelto en medio de una pelea de bandos rivales, y tú en medio, capeando el temporal, esquivando las balas y muriendo sin haber tomado nada en esa fiesta. He tenido suerte, pero ¿cuántos hay que caen por culpa de otros?

Siempre lo paga pocarropa. Aún tiene que llegar el día que vea yo escarnecer públicamente a titulares y catedráticos de esos del 3%. Que haberlos, haylos.

Gracias a todos. Voy a limpiar mi trinchera.

lunes, 14 de marzo de 2005

Horas bajas

Estoy con la moral bajo mínimos. Por primera vez en mucho tiempo (11 años ya), estoy arrastrándome por pura inercia esperando que, de una vez por todas, algo salga bien.

Profesionalmente, mañana viene un inspector de Hacienda a revisar un proyecto que dirigí hace 3 años. Tengo la conciencia tranquila, pero no hay nacido de madre al que no le tiemblen las rodillas cuando el fisco te busca las cosquillas. Y, si se lo proponen, te las encuentran. No hay nada que temer, pero una mezcla de rabia y miedo exuda por mis poros. También hace 5 años que perdí el norte. No encuentro tema estable para investigar, y no hay por donde coger esta situación tan incierta e injusta. Voy a la deriva, descentrado y desmotivado Por último en este apartado a, con el sueldo de esta mezquina universidad no llego a fin de mes. No el sueldo de funcionario, sino el de esos contratos basura que me vienen haciendo desde 1995, trabajando a mitad de precio y sin continuidad.

En el plano profesional número 2, que trataba de aportar fondos e ilusión al plano número 1, las cosas no pintan mejor. Mi primera empresa, la radio, que aunque económicamente rentable, todo ha salido putapénicamente por culpa del egoísmo de uno y la falta de dotes sociales del otro. Yo esperaba venderla este fin de semana y acabar con una pesadilla y algo de dinero en el bolsillo; pero al final voy a acabar con otro socio más, sin ver un duro y en la tesitura de ponerme otra vez a las riendas del jamelgo si quiero que ande. Esperaba descansar y me veo peleando otra vez. Suerte que mis trincheras están homologadas. En la empresa nueva, cien mil cosas se siguen confabulando para que todo se demore y la ilusión se mine y no mine y no salga nada adelante. Todo es esperar.

En el plano familiar todo va bien. Hay una pequeña guerra callejera de baja intensidad que duele en horas como esta. Hay errores y decepciones pero se llevan con dignidad.

Y en el plano personal… Hay un tipo llamado Johnny Warrior, que soporta con entereza y estoicismo ejemplares las puñaldas cainitas que le da la vida. Afirma que las personas normales tienen tres vidas: la profesional, la familiar y la personal. La personal es la que dedicamos cada uno a ocuparnos de nosotros mismo, en soledad. No se puede quitar demasiado tiempo a ninguna de las tres para dárselo a las otras. Se necesita un equilibrio, y si se rompe todo acaba por venirse abajo. Pues mi plano personal está muerto. Con los antecedentes presentados, la tranquilidad de espíritu y paz interior es un concepto que hace tiempo que olvidé. No leo cuanto deseo, ni paseo por my mist covered mountains, ni uso el Land Rover, ni tengo soledad suficiente para conjurar mis fantasmas y mis sueños y mis desilusiones, y etiquetarlas y almacenarlas para que no molesten, para que no duelan. No andan bien las cosas.

Y asociado en sociedad con tales socios, se pueden imaginar…

viernes, 11 de marzo de 2005

11-M

Lo que viene a continuación es duro. Simplemente poque no es políticamente correcto, pero por ello no creo que deje de ser verdad.
Hoy se cumple un año de los atentados de Madrid. Soy misántropo hasta la médula, y he visto cosas que vosotros no creeríais. Comer pan de muchos hornos es lo que tiene, en estos tiempos de mear colonia y cogérsela con papel de fumar.
He visto a la gente, solidaria y aún conmocionada, manifestarse pública y notoriamente. He visto a los políticos, nacionales e internacionales, flagelarse y comprometerse para luchar contra el terrorismo. He visto velas y oído campanas y sentido minutos de silencio y olido flores y leído panegíricos lacrimales acerca del mal, el bien, la justicia y la ley.
Todo me da arcadas. Porque el dolor es una cosa, y toda esta pantomima es otra.
Primero, los políticos y gobernantes. Diciendo que hay que luchar contra el terrorismo, y apoyar a las víctimas, e integrar todas las culturas en un marco de amor y paz. No es que apoye el terrorismo, pero lo comprendo. Porque cuando los países ricos, civilizados, cultos y solidarios deciden que tal o cual país del tercer mundo debe ser "reajustado" para garantizar el abastecimiento de la opulencia, se está favoreciendo la iniquidad, la injusticia, la lucha. Esa gente no tiene nada que perder, lo ha perdido todo no por el azar o la catástrofe, sino por un primer mundo egoísta, injusto, inicuo, cruel, solidario sólo de boquilla, que aguanta su tren de vida a costa de lo que sea. Mientras los gobiernos no atajen eso (algo imposible), no dejará de haber terrorismo. Mientras haya injusticia y gente que pierde a sus seres queridos y bienes para que otros mantengamos nuestro statu quo, siempre habrá alguien dispuesto a volarnos los huevos de la manera más dolorosa. Y en cierto modo, algo de razón no le falta. Que la vida es dura y mala puta, y no la telenovela descafeinada que nos están vendiendo.
Luego el populacho. Solidario hasta la médula, con las pancartas, velas y manos blancas, saliendo a tapar la calle. Mucha solidaridad de salón, pero luego todos volvemos a casa, y seguimos soportando a gobiernos que favorecen la injusticia, no sólo con los de fuera, sino hasta con nuestros paisanos. Todo se nos olvida, todo es accesorio, y volvemos a nuestro mundo artificial y perfecto, deseando que el estado nos proteja, nos indemnice por el pedrisco o el tsunami o el ataque de los pavos asesinos, y que vengan los inmigrantes a limpiar nuestra mierda, pero que no molesten...Somos unos hipócritas mayúsculos, pero acallamos la conciencia con escenitas estereotipadas, muy americans del mundo libre y demás. ¿Tiene que haber mierda? Pues que la haya, pero no en el campo de detrás de mi casa.

Así que a mí me la suda toda esta movilización social. Porque no sirve absolutamente para nada. Porque el dolor de verdad va por dentro y el movimiento se demuestra andando, no encendiendo mecheros y entonando "Al vent".
Y ahí, hay todo un cuerpo de infantería veterano en estas lides. Ya los conocen: la gente del alambre.

miércoles, 9 de marzo de 2005

Laertes

Estos días me veo azotado por problemas profesionales. Puede que hasta incluso sean graves, así que me quitan el sueño...
...y el tiempo, y maldigo a diestra y siniestra. Quizá por eso se haya agrisado aún más mi carácter, y haya hecho, con razón, propósito de enmienda.
He aprendido, he aprehendido que no puede cuestionarse uno mismo su propia realidad, su propia naturaleza. La lucha consigo mismo es, como diría Perogrullo, suicida, o fratricida. He aprendido a comprenderme como soy, casi aceptarme, y a tratar de cambiar la forma sin que afecte al fondo.

Así que ayer estuve haciendo examen de conciencia, apuntando en tres columnas mis defectos, mis virtudes y los problemas graves del etorno laboral que me rodea. Obviamente, hay que cambiar, pero la pereza y la indolencia hacen que nos acomodemos, que me acomode en cualquier situación, por peligrosa que ésta sea.
Hay que dar un golpe de timón. Aunque duela. Aunque me hunda. Hay que cambiarlo todo para que todo siga igual.
Como veis, tengo problemas...

martes, 8 de marzo de 2005

Necesito que algo salga bien

Además, con carácter de urgencia. Esta travesía...
...en el desierto está durando ya demasiado. Noto como me fallan las fuerzas, cada vez más menguadas. Hasta lo que en un tiempo parecieron aciertos se tornan hoy en errores garrafales, en muertos mañ enterrados que salen de vez en cuando a cobrarse sus diezmos.
No sé lo que les parece desde fuera, pero para mí esto tiene un regusto amargo a derrota. Uno empieza a preguntarse si tanta mala suerte es posible, o plausible; si estoy achacando esto a la voluble Fortuna cuando en realidad soy yo el único culpable de esta debacle. Algo habré hecho mal. Empiezo a plantearme si estoy equivocado de cabo a rabo, si llevo 18 largos años cominando en la dirección equivocada, y el camino se ha acabado y yo sigo ciego en mi terco empeño. Quizá sea eso. O quizá sea la prueba del conquistador, o morir de sed a la vista de las palmeras.

Por eso digo que necesito que algo salga bien, que algo confirme que este camino no es peor que ningún otro. Necesito esa señal para seguir caminando, no una señal divina ni de fe, sino una señal de que no todo lo hago mal.

Me faltan las fuerzas, y esta vez estoy muy muy cansado. Más que nunca.

lunes, 7 de marzo de 2005

Gabinete de crisis

Al parecer, va a haber que leer una vez más "El señor de los Anillos" para levantar la moral.

Cómo cambian los tiempos

Pues sí. O cómo cambian los tiempos a las personas. Tantas horas de vuelo, tantos sueños, tantas determinaciones, que luego, cuando el tiempo y los acontecimientos las han batido como las olas del mar hace con las playas, las miras detenidamente, siendo sólo espectros de lo que un día fueron. Piensas que ya nada vale la pena. Que no estas dispuesto a abandonar, pero que, si hubiera que hacerlo, no sería deshonra ni desdoro ni rendición, que sólo se pierden aquellas guerras en las que se abandona...

Algo que hace ya 8 años que no hago pasa por mi mente. Soltar lastre, llevamos mucho tiempo sin ascender, así que una solución será soltar lastre. Otra, meditar acerca de todo y ver que hay algo que está mal en mí.

En fin, eso, que hoy he empezado un poco a rendirme. Veremos lo que trae el nuevo día.

jueves, 3 de marzo de 2005

Egoísmo

Creo que es uno de los defectos que menos tolero. Puedo soportar la envidia, adoro la lujuria, tolero peor que mejor la soberbia. Pero odio a muerte el egoísmo.

Y si el egoísta es corto y mal plegado, saca lo peor de mí.

Por ejemplo. Mi actual socio, aunque espero que por poco tiempo, Jesús Martín... Es una persona cuya cortedad de miras es proverbial. Aparte de ello, el esfuerzo y él están reñidos a muerte y se huyen como ángeles y demonios. Y aún sabiendo esto, aunque varias personas de confianza me predijeron esto, aún así confié en él. Nunca creí que nadie, trabajando para sí mismo, fuera capaz de traicionarse.

Pero no conté con su desmesurado egoísmo, su descomunal pereza y su inexistente amplitud de miras. Así que me harté de mantener a flote el barco y lo dejé a él al frente, Me bajé del burro.

Lo mío es triste. Tuve una idea, la fragüé en soledad, la estructuré, me ayudó a ponerla en marcha, a arrancar un 5% de lo que yo tenía en mente. Yo lo había concebido todo y ahora, un vago, egoísta e inútil decía que su futuro era vivir de mi idea sin trabajar, y que por él ya estaba todo dicho. Y encima se lo doy todo.

Desde entonces, 1 de noviembre de 2004, no he aparecido por allí. Ha acabado el año y el administrador de mi empresa no me ha comunicado absolutamente nada de lo que ha hecho en esos 4 meses, no ha habido junta de accionistas, no sé lo que ha hecho ni deshecho con total impunidad y ninguna vergüenza sin contar conmigo. Egoísmo concentrado.

Hoy he tenido que ir al estudio a dejarle la correspondencia y las escrituras de la empresa. Se me ha caído el alma a los pies. He visto vertederos con más dignidad que ese piso. La basura se amontona por doquier, falta material que compramos, ha aparecido material nuevo del cual yo dudo de su utilidad o conveniencia, se ha subido el sueldo sin decir nada a nadie a 900 euros… Simplemente se ha confirmado las peores de mis sospechas, aparte de los detalles que la gente me va contando por ahí, que el mundo es un pañuelo y la gente es viperina y les gusta la comidilla.

He alcanzado el techo. Casus belli. Acabo de decidir que en esta historia hubo, hay un listo y un imbécil. Así que cuidado con los compañeros de viaje. Cuando una persona es inútil y perezosa y egoísta venderá hasta a su alma. Espero que tenga exactamente lo que se merece. Voy a encargarme personal y enconadamente de ello.

Delenda est Carthago

miércoles, 2 de marzo de 2005

"Puedes huir de aquello que corre detrás de ti, pero no puedes huir de lo que corre dentro de ti." Antiguo provervio ruandés.

Big Fish

Ayer hurté algo de tiempo a otras tareas y vi esta película. Muy de Tim Burton, muy del Rafa que existió hace tiempo.
Es todo un canto a la fe, a la esperanza, al corazón ligero y alegre. Es una película preciosa. Me recordó que la vida, en muchos aspectos puta y perra como la meretriz de Babilonia, puede ser bella y maravillosa y rica. Que, viejo y manido aforismo, la vida es del color con el cristal con que se mira. Que tener fe, ilusión, esperanza, es una garantía impepinable para pasar de manera aceptable la mala noche en la mala posada.
Y no digo que esa teoría sea errónea, que creo sinceramente que no lo es. Lo que pasa es que la vida es bella y es puta, y no necesariamente a partes iguales. Y que, cuando uno lleva ya tiempo recogiendo los pedazos de la esperanza y la alegría, recomponiendo ese remedo de felicidad como único, solitario escudo, y volviendo a recoger los pedazos como Sísifo, es difícil no echar el agua por la última tabla, mandarlo todo a freír espárragos y ponerse la armadura más espantosa para pelear. Con un par.
Y por desgracia, simplemente por estar ahí, los años pasan y las esperanzas, que hay quien dice que son verdes, se van rompiendo y se van acabando, y la alegría no trae el pan a la casa del pobre. Al final coges lo poco que te queda, porque esperanza siempre queda la mínima, la guardas en un pozo en lo más hondo de tu castillo y sales a pelear, sin candongas, alharacas ni flores en el pelo.
Admiro, envidio a esa gente con esperanza, ya sean cristianos, soñadores o tontos del pueblo. Pero yo, con tantas heridas en el costado, con el casco tan maltrecho y desarbolado y remendado, pido permiso a vuesas mercedes para pelear a cara de perro, que otra cosa ya no śe hacer.
A Dios vais.

martes, 1 de marzo de 2005

3%

No tienen vergüenza. Ni la tienen ni la han conocido en su puta vida. Son unos hijos de la gran puta. Me refiero, como no, a los políticos.
A esos que ahora se rasgan las vestiduras y, apelando al honor, la honradez y la decencia, están armando la de Dios es Cristo.
A estas alturas no les cree nadie. Toda España sabe que decir político es decir corrupción, deshonor, comisiones, vivir a cuerpo de rey, con Audi oficial, dietas y demás prebendas costeadas por la vieja piel de tambor, humilde, esforzada y pobre. Y oiga, somos tan lerdos que lo aceptamos. Aceptamos que en la política de este país medre la escoria humana, y que hagan y deshagan a su antojo, y roben a manos llenas. Lo sabemos todos, hasta el más inocente infante. Quizá lo sabemos porque nosotros haríamos lo mismo, vaya usted a saber.
A mí no me importa que me tomen el pelo, pero me molesta que crean que soy tonto. Así que, ahora, señores políticos, no me vengan con que han ofendido su honor al acusarles de cobrar comisiones. Ustedes no tienen honor; si un político lo tuvo en su día, lo perdió o lo echaron, porque en la cesta de manzanas podridas no queda una sana, es ley de vida. Así que callen y sigan robando, que para eso entraron ahí. Pero no se las den de prohombres, que eso ya no cuela.

La culpa la tenemos nosotros. Seguimos permitiendo que la política en este país sea una casa de putas de dimensiones bíblicas. Permitimos que la morralla de este país detente el poder. Nos da igual, han de robar unos u otros, así que dejemos la cosa como está. No me parece bien, pero es una forma de sobrevivir, tan digna como otra. Mucho más digna que la de ser político de carrera.
Yo no he votado en mi vida. No acepto este sistema, al menos no con esos candidatos. Pero sé que no tiene solución. Tomás de Lampedusa, en su Gatopardo, acusaba a los revolucionarios: "Queréis cambiarlo todo para que nada cambie, para que todo siga como está" Arrojaríamos a unos políticos corruptos para poner a otros iguales en su lugar.
Me gustaría ponerlos a prueba. En unas elecciones generales, que votara sólo el famoso 3% de la población, léase políticos y familiares. Verían ustedes como clamarían al cielo pero ninguno se bajaría del burro, ninguno reconocería que "algo habremos hecho mal"; si no, vean a Gallardón. Seguirían chupando, porque al fin y al cabo es lo que quieren.
Nos estamos argentinizando, querido Flint, así que empezad a almacenar armas y comida, que el día menos pensado acabamos como en Irak. Y yo ya tengo varios objetivos en mente, varias deudas que cobrarme a sangre y fuego, con la mayor sevicia de que sea capaz. Por mis muertos. Que a mí la solidaridad y la civilización me la trae al fresco.
PD.: Todo esto ha sido por leer al comedido Serafín. Yo no me bajo del tren: lo hago descarrilar.

lunes, 28 de febrero de 2005

He aprendido a vivir con la tristeza, con la derrota. Nos conocemos tiempo ha, y en su momento fuimos íntimos. No queda más remedio que ......aprender a vivir con ella y para ella. Ahora nos hemos distanciado un poco, por prescripción facultativa. Me centro más en levantar murallas de contención, sanear las defensas, preparar las minas y contraminas de esta guerra que es la vida.

Aunque muchas veces bajo la guardia. Dejo que la tristeza entre y recorra los adarves, las mazmorras, mis aposentos. Dejo que se enseñoree de toda mi fortaleza y me rindo. Por unos momentos.

Por unos momentos me tienta la idea de abandonarlo todo. De arrancar de cuajo mis raíces y partir en pos de un sueño, tras mil de ellos que cayeron para siempre; cayeron aunque no en el olvido. Pelear de nuevo, otra vez por ellos. Buscar esa voz mullida y cálida, esa dulcedumbre que satura una habitación en penumbra, ese ser que nunca existió pero busqué con tanta esperanza hasta el desfallecimiento.

Acabar con todo y perderse en Santiago, en Bruselas, en Dublín, en Graz. Comenzar una nueva vida, una nueva historia. Pelear en otra tierra, bajo otra bandera y al lado de nuevos y desconocidos compañeros de viaje y trinchera. Soñar, siempre soñar.

No sé si lo no lo hago por cobardía. O quizá sea por pundonor. Porque una vez se empieza no se puede dejar de pelear, porque rendirse no entra en mi vocabulario.

O porque tengo miedo. Porque tengo miedo de irme, de cortar mis raíces y, entonces, quizá, dentro de un año o dos o tres, embarcado en otra guerra tan dura como la que me asedia ahora, en otra tierra, bajo otra bandera, al lado de nuevos y desconocidos compañeros de viaje y trinchera, una noche despierte y vea en mi pecho una tenue, desvaída, macilenta luz que mana de los agujeros de las raíces arrancadas, una monstruosa araña que envuelve mi corazón. Y en sus facetados ojos vea mi viejo Land Rover, mis viejas montañas, hoy y ahora nevadas, la vieja tierra junto a la vieja casa, todo un mazo de recuerdos indelebles que se vislumbran en la oquedad de las raíces…

Y entonces desee volver, y abandonar esa nueva, para entonces vieja batalla, y retomar la antigua.

No puedo evitar soñar cuando oigo a Christina Rosenvinge desgranar tierna, lánguidamente "1000 pedazos" en acústico.

viernes, 25 de febrero de 2005

Galería arreglada

Ya la iré completando. Hoy no tengo tiempo ni ganas para más.


Hasta el lunes

martes, 22 de febrero de 2005

Javier Calpe

Lo conozco desde hace muchos años. Ahora es director de mi departamento. A él, como a muchos otros, esta universidad le ha pagado con la misma moneda.
Quizá nosotros tampoco le hayamos apoyado todo lo necesario. Entono el mea culpa. Pero esta universidad se ha burlado de él en sus propias barbas y lo ha tratado como un guiñapo, y todavía sigue ahí, con vergüenza torera, aguantando el tirón hasta el final.

Ha acabado muy quemado. Ya digo que quizá nosotros, los compañeros de departamento, tengamos buena parte de culpa por dejarlo solo (hay otros "compañeros de departamento" que merecerían colgar por el cuello hasta la muerte en la verga del palo mayor, que van repartiendo suerte a diestra y siniestra) . Pero esta universidad lo ha toreado, engañado, traicionado, defeccionado, puteado y cabreado. Todo por intentar hacer algo útil y con dos dedos de conocimiento.

Sé de buena tinta que está muy quemado, hasta los mismísimos huevos. Con toda la razón del mundo. Pero es que si no hay mártires como él, esto no va a ninguna parte. Excepto esta universidad, que espero que tenga lo que se merece y se hunda en lo más hondo del abismo.

Hoy va por él. Porque, en lo malo y en lo bueno, los ha tenido bien puestos. No se merecía esto, pero creo que a estas alturas ya todos somos mayorcitos para saber que lo que uno recibe de la vida no tiene nada que ver con lo que se merece.

Sus y a ellos.

lunes, 21 de febrero de 2005

Quién es Rafa

Y ahí está la pregunta. ¿Quién es Rafa?

Descubro que cada vez que hago mi página y escribo ésta la que me define a mí, obtengo cada vez un resultado. Nadie sabemos nunca quiénes somos, y siempres descubrimos secretas estancias en nosotros, en nuestras almas, cada vez que las exploramos por placer o por necesidad. Aun así, contaré una historia con unas palabras bellas en sí, pero gastadas a fuerzas de ser usadas.

Rafa vino al mundo un lluvioso 6 de diciembre de 1968 en una tierra olvidada por los hombres, incluso por los que viven en ella. Esta tierra escribió muchos capítulos en la Historia Antigua, y son capítulos que merecen la pena recordar, pues en aquella época había también aflicción y oscuridad crecientes pero había asimismo mucho valor y hazañas que no fueron totalmente vanas. Quizá algún día te contaré toda la historia o la oirás por boca de alguien que la conozca mejor.

Rafa tuvo suerte en la vida y nada le fue fácil. Y esos ojos vieron cosas que pocos han visto y su corazón recorrió tierras ignotas y mágicas que fueron forjándolo en las fraguas hasta ser lo que es. Todo lo poco que ahora es se lo debe a estos avatares mágicos, crudos y maravillosos. No es bueno contar esas historias y no lo haremos, pero ahí están y vendrán tiempos en que éstas servirán para la vida, pues extraños son los tiempos que se acercan.

Al final Rafa hizo físicas por una serie de casualidades, pero ni el más sabio conoce el fin de todos los caminos. Al final lo muestra con orgullo, aunque no siempre fue así. Estuvo una temporada en el AIDO, un kafkiano centro de investigación dirigido por una cucaracha que no merece ni siquiera estas buenas palabras. Ahí comenzaron las decepciones, las derrotas y las heridas. Su ligero corazón peleaba y sufría contra un mundo injusto y hostil, pero seguía allí, al pie del cañón, bajo la lluvia.

Luego trabajó para una empresa que lo exprimió, mas lo que allí aprendió no se paga con dineros. Porque aprendió de la vida, y del mal y del bien y muchas cosas cobraron entonces sentido y otras muchas preguntas encontraron respuesta, aunque se plantearan muchas más. Pero un sueño no hacía más que rondar su cabeza y su corazón noche tras noche. Un sueño lejano y maravilloso, un imposible.

Apostó por ese sueño y fue a la Universidad. Fueron y son tiempos duros e inciertos, aunque mezclados con buenos momentos. Lo mejor, los compañeros de viaje que ese sueño ha proporcionado y que día a día caminan al lado. Va por ellos.

Pero la incertidumbre y esta guerra que nunca termina fue minando aquel ligero corazón, que terminó por romperse. La caída era inevitable y las pérdidas cuantiosas, inevitables y muy dolorosas. La frontera del Otro Lado estuvo allí, acechante. De aquello salió otro Rafa, con menos adornos y más fuerte, más poderoso. Aunque muchas cosas se perdieron en el camino o fueron enterradas en las frías y altas murallas que ahora guardan y protegen su herido corazón.

De nuevo tiempos duros que asedian el castillo fieramente y hacen preguntarse si vale la pena. Sí, vale la pena. Hay que seguir adelante; de lo contrario, ¿cuál sería el sentido de este largo y tortuoso camino que se ha recorrido?

Y para terminar, me gusta la música celta y tristona, me encanta leer y escribir y tengo a alguien especial con quien caminar a su lado. Aunque, ¿quién no?, ¿quién no hizo alguna vez locuras por una mujer?


Soledad

Es un bocado amargo, que se añora cuando hace tiempo que no empapa tu corazón...
...El ser humano se acomoda fácilmente a cualquier cosa, cualquier situación por penosa que sea.

Me gusta recordar el dolor, la tristeza, la soledad.

viernes, 18 de febrero de 2005

Sin perdón

Esta película fue dirigida e interpretada por Clint Eastwood. Le acompañan, entre otros, Gene Hackman, Morgan Freeman y Richard Harris. Ganó cuatro Oscars.

Muchos creen que es una película del Oeste. Están equivocados.

Es la historia de un hombre. Es la vida fría y descarnada. El que transcurra en el Lejano Oeste es circunstancial. Nada más.

Es la historia de un hombre que hizo...cosas cuestionables. Tampoco él eligió hacer cosas cuestionables. Simplemente las cosas vienen así. Es la vida. Ella elige por nosotros.

Esta película es cruda porque es más real que otras. Y la realidad es más simple y más espeluznante que la ficción. También es más hermosa.

Dios escribe recto en renglones torcidos, y así lo hizo en la historia de ese hombre. Hay hombres que no miran lo escrito sino los renglones.

Todos decimos tener principios, pero cuando la vida nos acorrala tiramos de ellos y nos mostramos desnudos y descarnados, como la vida nos ha forjado. A golpes.

Hay hombres que ocultan el infierno tras sus principios, y la justicia tiene tantas facetas como el bien y el mal.

Hay que ver esta película. Hay que ser conscientes que no debemos inclinar la balanza que guarda el equilibrio de un hombre, no debemos llevarlo al otro lado. Porque hay hombres que harán lo que deben. Aunque sean cosas cuestionables.

Aunque desaten el infierno.



Pensamientos

Todos los días bajo a y subo de Valencia. Es una hora de coche en cada trayecto, y da mucho tiempo para pensar. Demasiado.
Una hora encerrado entre esas endebles estructuras de metal, plástico y vidrio, en una carretera sabida, acostumbrada y resabiada, donde hay, por desgracia, poco más que hacer.

Se me ocurren cien mil cosas, aunque luego llego aquí, y el trabajo y el olvido hacen que estos apuntes en la bitácora vuelvan a estar vacíos.
No me gusta escribir sobre mí, pero es imposible a veces escribir sobre uno mismo, ya que se es el tamiz por el que nos llegan todos los datos del mundo, que luego son procesados de acuerdo con nuestra propia experiencia. Somos, cada uno de nosotros, un elemento demasiado activo en este juego.
Tengo por ahí un par de amigos que han metido sus bitácoras en sendas botellas y las han lanzado al proceloso ponto, lo más lejos posible de sí. Bravo por ellos.
Los leo y tengo mucha envidia. No sé si sana o no, porque no sé si la envidia es sana. Pero escriben rematadamente bien, y la principal fuente de envidia es que me recuerdan a mí cuando tenía su edad. Lo que duele.
Ahora, 8 años después, noto que mis necesidades vitales han cambiado mucho. Que ahora estoy más romo, más pulido, más desbastado y devastado por los golpes de la vida fiera; nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Demasiado peso en la mochila.
En fin. Brindo por ellos.

martes, 15 de febrero de 2005

Es difícil escribir todos los días...

...y tener algo que decir. La mayor parte de ellos es una letanía insulsa y monótona que te traslada...
...al día siguiente, a la semana siguiente. Y sin darte cuenta al año siguiente, al fin de tus días, donde con un poco de suerte eres capaz de ver a la vieja desdentada (en la edad media veían a un médico) que se ríe de ti mientras corta tu último hilo.


Las Parcas, cuya madre era Temis, fueron Cloto, Laquesis y Atropos y vivían en el Hades. Eran tres diosas que determinaban la vida humana y el destino. Son representadas como viejas severas o melancólicas doncellas pero siempre estaban tejiendo con una pobre luz. Algunas expertos no las consideran diosas sino las ejecutoras de las decisiones del dios Destino, hijo del Caos y de Nix y que lleva en sus manos la urna fatal con la suerte de los mortales.

Ellas asignaban a cada persona una parte del bien y del mal que cargaría con ella, aunque el mal podía crecer por la torpe actuación de cada persona. Ninguna de sus decisiones podía ser revocada, ni siquiera por los propios dioses, cuyo destino también quedaba marcado por ellas. Cloto era la más joven y llevaba consigo telas e hilos de todas las clases y colores cuya tipología variaba según el destino de cada persona. Así las de seda y oro eran para los hombres cuyo destino era la felicidad mientras que desgracia venía simbolizada con la lana y el cáñamo. Laquesis era la que movía el artilugio en el que se enrollaban los hilos que le daba Cloto, mientras que Atropos, la mayor, siempre atenta se encargaba, con unas tijeras muy largas, de cortar el hilo de la vida de quien le placía, cuando quería y de improviso.

La tarea de ablandar el ladrillo todos los días, la tarea de abrirse paso en la masa pegajosa que se proclama mundo, cada mañana topar con el paralelepípedo de nombre repugnante, con la satisfacción perruna de que todo esté en su sitio, la misma mujer al lado, los mismos zapatos, el mismo sabor de la misma pasta dentífrica, la misma tristeza de las casas de enfrente, del sucio tablero de ventanas de tiempo con su letrero "Hotel de Belgique" Meter la cabeza como un toro desganado contra la masa transparente en cuyo centro tomamos café con leche y abrimos el diario para saber lo que ocurrió en cualquiera de los rincones del ladrillo de cristal. Negarse a que el acto delicado de girar el picaporte, ese acto por lo cual todo podría transformarse, se cumpla con la fría eficacia de un reflejo cotidiano. Hasta luego, querida. Que te vaya bien.

Apretar una cucharita entre los dedos y sentir su latido de metal, su advertencia sospechosa. Cómo duele negar una cucharita, negar una puerta, negar todo lo que el hábito lame hasta darle suavidad satisfactoria. Tanto más simple aceptar la fácil solicitud de la cuchara, emplearla para revolver el café.

Y no es que esté mal si las cosas nos encuentran otra vez cada día y son las mismas. Que a nuestro lado haya la misma mujer, el mismo reloj, y que la novela abierta sobre la mesa eche a andar otra vez en la bicicleta de nuestros anteojos, ¿por qué estaría mal? Pero como un toro triste hay que agachar la cabeza, del centro del ladrillo de cristal empujar hacia afuera, hacia lo otro tan cerca de nosotros, inasible como el picador tan cerca del toro. Castigarse los ojos mirando eso que anda por el cielo y acepta taimadamente su nombre de nube, su réplica catalogada en la memoria. No creas que el teléfono va a darte los números que buscas. ¿Por qué te los daría? Solamente vendrá lo que tienes preparado y resuelto, el triste reflejo de tu esperanza, ese mono que se rasca sobre una mesa y tiembla de frío. Rómpele la cabeza a ese mono, corre desde el centro de la pared y ábrete paso. ¡Oh, cómo cantan en el piso de arriba! Hay un piso de arriba donde vive gente que no sospecha de su piso de abajo, y estamos todos en el ladrillo de cristal. Y si de pronto una polilla se para al borde de un lápiz y late como un fuego ceniciento, mírala, yo la estoy mirando, estoy palpando su corazón pequeñísimo, y la oigo, esa polilla resuena en la pasta de cristal congelado, no todo está perdido. Cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente; la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina.

Julio Cortázar. "Historias de cronopios y de famas".